Desde que desaparecieran los aprendices, el valor y la utilidad del trabajo manual ha ido perdiendo prestigio a pasos agigantados. Las constantes reformas educativas que absorbieron los oficios que anteriormente se aprendían y perfeccionaban en los talleres, pasaron a formar parte de la enseñanza profesional, la conocida como formación profesional, que proporcionaba conocimientos teóricos además de prácticos. Me abstendré de valorar la justicia o acierto de esta estrategia ―de alguna manera había que ocupar a la cantidad de jóvenes que se negaban a estudiar y no podían encontrar trabajo en la España de la transición―, pero las consecuencias, en mi humilde opinión, pueden percibirse en dos aspectos diferentes.

Frank Duveneck, El aprendiz de zapatero, 1877. Óleosobrelienzo, 100,3 × 70,8 cm. Taft Museum of Art, Cincinnati.
La primera es que ya nadie quiere trabajar con sus manos. → Más información
Hace poco leí la noticia de que un inventor español había conseguido fabricar una bombilla «eterna». Esto, que puede parecer un pequeño paso para el hombre…, como dijera aquel, no está exento de una intriga que parece salida de una antigua película en blanco y negro del año 1951, protagonizada por Alec Guinness y dirigida por Alexander Mackendrick. En ella, el inventor de una tela que nunca se mancha y nunca se desgasta, o taza, que dicen en mi pueblo, se enfrenta tanto a la industria fabricante como a los sindicatos en una estrambótica lucha por intentar sacar su fibra al mercado para no hablar de la lucha por su propia supervivencia. No entraré a analizar el trasfondo ideológico de la cinta, pero la similitud con la situación real es tal que da que pensar.

Daniel Michalik, 3/1 Chairs, 2011.
Corcho reciclado, madera contrachapada certificada por el FSC y pintura baja en COV.82,29 x 51,81 x 60,96 cm cada una.
Foto: Daniel Michalik
¿A qué viene todo esto?, os preguntaréis. Pues resulta que en el Smithsonian American Art Museum recientemente tuvo lugar una exposición que buscaba poner de manifiesto la sostenibilidad en el mundo del arte, lo que significa vivir de manera diferente en la sociedad moderna y el retorno a la valoración de lo hecho a mano. En ella se dieron cita 40 artistas que investigaban la noción de la artesanía con materiales tan diversos como la cerámica,el metal, el cristal, la piedra, y en ámbitos tan variados como la escultura, el diseño industrial, las instalaciones artísticas, el diseño de moda, la fabricación sostenible y las matemáticas. El objetivo era juntar a 40 artistas de menos de 40 años para celebrar el 40 aniversario de la Renwick Gallery, la sección de artesanía y artes de decorativas del Smithsonian American Art Museum. En ella se pudo ver a los «reinventores» que están cambiando la manera en que tradicionalmente se ha concebido la artesanía.Utilizando un lenguaje directo y exhaustivo, pretenden potenciar el valor de la creación de objetos, sin importar el modo en que se hagan. El énfasis, por tanto, se situaba en el proceso más que en el resultado final. De esta manera, el esfuerzo de los artistas se pone en primera plana y nos ayuda a cuestionarnos acerca de la extrema importancia que tendemos a darle hoy en día a la producción en masa de objetos repetidos.
Por desgracia ya no nos es posible acercarnos hasta Washington para deleitarnos con esta interesante exposición que cerró sus puertas el 3 de febrero. No obstante, sí podemos consolar nuestro malestar con la lectura de este completo manual que repasa la historia del movimiento artesanal: The Arts & Crafts Movement, de Oscar Lovell Triggs (en inglés). Si os resulta insuficiente, otra forma de consuelo a la que podemos aferrarnos es pensar que el inventor al que hacía referencia, con su audacia, ha conseguido romper con la tradición inventora española de añadir un palo a todo objeto que se cruce en su camino, si nunca lo habíais pensado, repasad la lista: fregona, Chupa Chups, futbolín, venencia (un vaso con un palo), banderillas, o incluso el cigarrillo, sin ir más lejos, que no deja de ser tabaco con forma de palo. Ahora bien, si todavía necesitáis consuelo para superar el mal sufrido por no haber podido asistir a esta exposición que yo tampoco pude contemplar, ya solo quedaría acudir al refranero popular…
Exposición: 40 under 40: Craft Futures, Smithsonian American Art Museum, Washington.
Escoge una postura. Practícala hasta que te salga natural. Ahora quédate así durante horas. Este era el proceso del retrato hasta que se inventó la fotografía (gracias, Niépce y Daguerre) y, sinceramente, no sé cómo la gente se prestaba a ello. Más sorprendente aún, ¡repetían! Cierto es que solían ser personajes «importantes» henchidos de ego que pensaban que la humanidad entera quedaría agradecida por tener su retrato (en fin) o bien familiares y amigos del artista (muy buenos amigos, supongo). Espero que al terminar el artista les invitara a un masaje (pasa unas horas como la pintura de abajo y tienes sesión de fisio asegurada).
Si bien es cierto que todo retrato es testimonio de una época (dime cómo te pintaron y te diré cuándo viviste), es especialmente a partir del siglo XIX cuando se combinan el retrato personal con el de sociedad. Y el precursor, Édouard Manet, hizo un buen trabajo. Gracias a él y a sus amigos impresionistas, empeñados en retratar la vida urbana moderna, podemos hacernos una idea bastante exacta y conocer a los personajes «in» del París del Moulin Rouge. A esto por supuesto ayudó el hecho de que la mayoría de ese grupo procediera de familias acomodadas y no tuvieran demasiados problemas para dedicarse a una actividad no precisamente lucrativa (hasta que la familia les retiraba el apoyo económico, claro).
Si te interesa conocer la moda y la sociedad del siglo XIX, el origen de la pintura moderna, o simplemente eres un enamorado de los retratos, pásate por «Manet: Portraying life» en la Royal Academy of Arts, en Londres (26 de enero – 14 de abril). Si quieres estudiar las posturas con más detenimiento, mejor hazte con este libro de Nathalia Brodskaya, ¡quizá saques algunas ideas para tu próximo retrato!
Non è una novità che alla major parte delle donne piacciono le scarpe. Rappresentano per noi, ragazze, una specie di gioielli che si scelgono secondo il vestito portato. Le scarpe hanno una dimenzione estetica essentiale e accentuano il glamour. Chi, all’esempio di Carrie Bradshaw non ha mai sognato di poter avere un bellissimo dressing pieno di scarpe ? Chi, non ha mai passato una serata sofferendo di male di piede incredibile perché le sue scarpe non erano comode pero … erano belle ?
A me piacciono particolarmente i tacchi e le sandale d’estate. Perché ? I tacchi mi rendono più alta, mi stendono la “silhouette” e le gambe e sono simbolo di feminità e di glamour. E le sandale (senza tacchi) perché d’estate, mi piace anche essere al mio agio.

Scarpe « Décolleté » di Marylin Monroe, decorate di strass rosso Swarosvki, create da S. Ferragamo per il film Let’s make love di George Cukor in 1960, Museo di Ferragamo, Firenze.
Quando ero piccola, mia mamma mi diceva : “ Impari a conoscere un’uomo quando guardi le sue scarpe. Se sono pulite, è ordinato”. Questa frase mi è rimasta in testa durante anni. Non, non è vero. La verità è che l’avevo dimenticata fino al mio arrivo in Italia cinque anni fa. Per essere precisa mi è tornata in testa il 17 settembre 2007, a Parma. Stavo aspettando, seduta su un banco con le mie valigie, che l’ufficio che mi doveva ospitare aprisse, chiedendomi cosa facevo lì, e guardando o piuttosto dovrei dire ”ammirando” la gente andare al lavoro, (gente = uomini), perché erano le 8 di mattina. Erano bellissimi, pantaloni neri, camicie bianche, capelli gominati (si si è vero !). Mi stavo già meravigliando quando il mio sguardo ha derivato verso un super bel uomo, alto, con gli occhi azzuri, capelli chiari, viso di angelo. Avrebbe potuto essere modello di diciamo, fragranza. Era perfetto ragazze! Sfortunatamente, il mio godimento è stato molto breve : non so assolutamente perché i miei occhi si sono spostati sulle sue scarpe. Da questo momento il mondo è crollato attorno da me. Questo modello cosi bello portava delle scarpe vecchie di trent’anni, danneggiate e ovviamente non lucidate. Per essere onesta, di solito non mi attaco a queste cose pero, devo ammettere che sono rimasta delusa e frustata. Come, un’uomo cosi chic poteva arrischiarsi a portare scarpe antiche? Magari pensava che non si vedessero, magari era in ritardo e non aveva visto quale scarpe stava mettendo… Ho provato di dargli mille ragioni.. ma, non, nessuna scusa.
Moralità : ragazzi, attento! La scelta delle scarpe non deve essere sbadata. Non pensare MAI che le ragazze non ci fanno attenzione perché vi guardiamo dall’alto in basso Signori…

Scarpe di Maurice Chevalier, portate al teatro degli Champs-Elysées, Musée international de la Chaussure, Romans.
Se vi piacciono le scarpe, la mostra del Metropolitan Museum di New York vi apre generosamente le sue porte. Se purtroppo vi è impossible attraversare l’Oceano Atlantico, potete consultare il libro Shoes, pubblicato da Parkstone International.
¿Qué ha sido de esta diversión tan popular otrora? Recuerdo cuando los bingos eran un lugar de peregrinaje al que la gente se dirigía para tentar a la suerte y multiplicar sus magros sueldos. En realidad, era más un pasatiempo que otra cosa, ya que las posibilidades de ganar siempre han sido escasas, solo una persona puede cantar línea y solo otra cantará bingo. Aunque claro, todo depende de las partidas que se jueguen. No había tampoco barrio o asociación cultural, hogar del jubilado, fiestas de pueblo, tarde en casa con la familia, que se preciara que no organizara una velada de: 22, los dos patitos; 15, la niña bonita; 13, la mala pata; 11, las banderillas; 33, la edad de Cristo, etc. Todo empezó cuando en 1977 cambió la ley en España y se legalizó el juego (este y todos los demás). En esos primeros años, pues, fue cuando se produjo la proliferación de salas y su arraigo en la cultura española. ¿Quién no recuerda Los bingueros (Mariano Ozores, 1979)? ¿O la infame versión que Ozores se hizo de su misma película en Ya no va más (1988)? ¿O Las chicas del bingo (Julián Esteban, 1982)? Es cierto que en todas estas películas el bingo era una excusa para pasar de alguna manera u otra al verdadero asunto del filme, que no era otro que mostrar a chicas ligeras de ropa, pero al menos suponían un desvío de la recurrente temática del cine español, que si no me equivoco no pasa un año sin que produzca, como mínimo, dos o tres películas sobre la tan nuestra Guerra Civil. Digo esto porque este año, del que llevamos solo cinco meses, ya se han hecho dos: Un Dios prohibido (Pablo moreno, 2013) y La mula (Michael Radford, 2013). Pero si hacen falta datos para apoyar todavía más mi tesis aquí os dejo esta magnífica página web:http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/historia_guerracivil.htm.

Escena de la película Los bingueros protagonizada por Andrés Pajares y Fernando Esteso (Mariano Ozores, 1979).
Decíamos. El bingo ya pasó de moda. Ahora la gente prefiere ir a la bolera o apostar sus esperanzas al Euromillón. Los bingos de juguete apilan polvo en los trasteros de las casas, solo recordándonos su existencia en un pasado no tan lejano los hallazgos de las bolas numeradas en esos acumuladores de tesoros que son las espaldas de los muebles. Qué le vamos a hacer, es la evolución humana. Llorar por la pérdida de un ser querido no lo traerá de vuelta. Antes al contrario, lo mantendrá presente para que sigamos sufriendo indefinidamente. A olvidar se ha dicho. Siempre podremos consolarnos acudiendo a alguna de las salas que aún permanecen abiertaspor toda la geografía española, cada vez con menos clientes,que, para aquellos que no lo sepan, tienen la característica de contar con precios imbatibles en lo que se refiere a consumiciones y menús.
Pero,¿a qué viene lo de color, trazo y luz? Pues resulta que el enero pasado, la NationalGallery of Art alojó una exposición, Color, Line, Light: French Drawings, Watercolors, and Pastelsfrom Delacroix toSignac, en la que presentó la colección de dibujos y acuarelas de James T. Dyke, uno de los más astutos coleccionistas de los siglos XIX y XX en lo que a trabajos sobre papel se refiere. Entre sus joyas se podían contemplar unas 100 obras que mostraban el desarrolloen el arte del dibujo en Francia desde el romanticismohasta el realismo, pasando en el camino por los impresionistas, nabis y neoimpresionistas. Artistas que estuvieron activos desde 1830 hasta 1930 incluían a Delacroix, Monet, Degas, Cézanne,Signac, y ponían de manifiesto la diversidad de temática, estilos y técnicas.

Paul Signac, Martigues, abril de 1929. Lápiz y acuarela sobre papel,27,62 x 43,5 cm.
Arkansas Arts Center Foundation, Little Rock. Regalo de James T. Dyke 1999.
Esta vez no llegamos a tiempo, pero, como siempre, en Parkstone tenemos un libro que podrá suplir las carencias económicas para pagar el viaje, las de conocimiento por si no conocíamos este arte y las de entretenimiento por si nuestra única afición era el desvirtuado bingo. Lo firma Victoria Charles y se llama French Painting (en francés).
Man O’ Letter.
Matisse pasó la mayor parte de su vida intentando buscar la verdad. Para él la verdad estaba escondida tras la simplificación de las líneas y la combinación de colores. Por este motivo se dedicaba a estudiar sus propias obras y repetirlas con el objetivo de mejorar su técnica en cada nuevo cuadro que completaba. No son pocos los que han realizado series y copias de sus cuadros, pero es significativo que Matisse buscara no sólo comparar la luz o sus efectos sobre un determinado objeto, sino superarse individualmente con cada obra, alcanzar el cuadro verdadero, la perfección total.

François Lemoyne, El Tiempo salvando a la Verdad de la Falsedad y la Envidia,
1737. Óleo sobre lienzo, 180.5 x 148 cm. Wallace Collection, Londres.
Recuerdo leer en algún lado, seguramente en un libro de citas, que la verdad es un poliedro del que cada uno ve una cara. En este caso, me parece que esta inocente frase viene al pelo para describir la obsesión de Matisse. Por dos motivos. El primero es que pretendía simplificar las líneas para facilitar la representación del cuerpo humano sin tener en cuenta su relación con la realidad. No entraremos a discutir si el arte moderno y su alejamiento de la representación figurativa es el resultado de una exploración de la decadencia espiritual del siglo XX, o el reflejo del rechazo frontal a los patrones artísticos académicos imperantes. Ambos pueden ser (y son) argumentos acertados del desarrollo de la pintura, aunque una explicación que siempre me pareció extremadamente convincente por su sencillez afirmaba que la creciente disparidad entre pintura y realidad se debía a la aparición de la fotografía. Si ya existía un medio que pudiera reflejar la realidad con mayor fidelidad de la que jamás podría alcanzar un cuadro, entonces la exploración del arte tenía que alejarse lo más posible de la imitación para buscar nuevas formas de expresar lo que los ojos veían. Por tanto, parece innegable que Matisse solo podía buscar la perfección de aquello que reconocían sus ojos y no así ningún tipo de verdad absoluta, ni mucho menos que estuviera en directa relación con la realidad.
El segundo motivo es la pretensión de unificar el gusto universal consiguiendo el cuadro verdaderamente perfecto. Se puede decir sin mucho miedo a equivocarse que La Mona Lisa de Leonardo da Vinci es uno de los cuadros que más admiración despierta entre todos los estratos culturales, ya sea por el reconocimiento de su importancia o por el simple asombro borreguil. No obstante, sería arriesgado afirmar que no hay una sola persona a quien no disguste el cuadro sea cual fuere el motivo del rechazo. A mí, personalmente, siempre me pareció muy curioso que la atención en la sala donde se expone La Gioconda se dirigiera única y exclusivamente hacia esa tela de 77 x 53 cm. ―en mis experiencias en el Louvre, la gente entra en la sala, galopa hacia el cuadro y se agolpa en frente suyo, ignorando todo lo que se encuentra alrededor― cuando justo detrás se encuentra una obra maestra de Veronese que además cuenta con el honor de ser la mayor pintura, en tamaño, de que dispone el Louvre. Un imponente trabajo de 677 x 994 cm. Una obra en la que se puede uno pasar horas observando los detalles tan representativos de la época en que fue pintada y aprender de las polémicas que suscitó su creación. Con esto no estoy diciendo que desprecie La Gioconda como trabajo, sino que puede haber motivos suficientes, por simples que estos sean, para estar en contra de una obra, aunque esta se considere la mayor obra maestra de la historia, valga la redundancia. En consecuencia, confío en que la búsqueda de Matisse por alcanzar la obra verdadera fuera más un intento de progresar técnicamente que una ambición real por encontrar el cuadro que combinara las más dispares sensibilidades artísticas, pues es casi imposible que aquello que gusta a una persona encuentre su par en las inclinaciones de todos los demás.
Sin embargo, no permitas que mis observaciones sobre la validez o no del argumento que guio la vida de este polifacético artista, y que recientemente homenajeó el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en su exposición In search of True Painting, te alejen del descubrimiento de su vasta obra. En Parkstone ponemos a tu disposición dos trabajos de Victoria Charles, Naturaleza Muerta y Flores, para que descubras algunos de los aspectos menos conocidos de la exploración artística de Matisse.
Man O’ Letter.
Cualquier oportunidad es buena para ir a Escocia. Cuando estuve viviendo allí recuerdo que el eslogan del momento decía que era el mejor país pequeño del mundo. Sinceramente, esto de los eslóganes de las ciudades, regiones o países siempre me ha parecido divertido, sobre todo por la capacidad inventiva de los publicistas para promocionar ciertos lugares con las frases más exageradas. Ahora mismo se me vienen a la cabeza dos de mis favoritos: «Cantabria infinita» y «Castilla y León, cada día un fin de semana». ¿Cómo vamos a dejar de ir a dos lugares así? Combinados, digo yo, sería algo así como el paraíso, ¿no? ―que no se asuste Corocotta que de momento los castellanos se conforman con ser un puerto seco―. Pero volvamos a Escocia. Su eslogan, que conste, no fue inventado por una agencia de publicidad, sino por el anterior Primer Ministro, y es que el país al norte del muro de Adriano es de sobra conocido por su capacidad inventiva. Basta solo pasar una tarde en el pub para que le crezca el orgullo patrio a algún «local» y nos haga una extensa lista de todas aquellas cosas que han inventado a lo largo de la historia. En todos los campos imaginables. Aunque a medida que se vaya calentando la tarde, y las tardes en Escocia solo se calientan de una manera, es muy probable que intente convencernos de que incluso el McDonald’s, la música rock ―los antepasados de Elvis eran de Caledonia (?)―, o hasta el mundo moderno, gracias a la hipótesis de Arthur Herman, son de origen escocés. Algunos defienden, y aquí es donde entra en juego la tesis de Herman, que las causas de todas estas invenciones son el período de la Ilustración que se desarrolló en el siglo XVIII, o el hecho de que fuera el primer país en diseñar un sistema de educación pública general allá por el siglo XV. Yo, por mi parte, siempre he pensado que, aparte de todos estos elementos que seguramente tendrán algo que ver, lo más probable es que si tienes que quedarte en casa todo el año debido al frío que hace lo lógico es que acabes inventando algo, aunque solo sea para distraerte. Y más teniendo en cuenta que por aquel entonces no había televisión.

Joseph Mallord William Turner, Loch Coruisk, Skye, 1831. Acuarela sobre papel, 8,9 x 14,3 cm. The National Gallery of Scotland, Edimburgo.
Pero no todo en la vida son inventos y adaptaciones de otros inventos. Escocia está plagada de muchos otros atractivos que no hace falta que me ponga a detallar, ya que ellos solos saben hacerse la publicidad muy bien. Pocos países han conseguido convencer a tanta gente de poseer una cultura ancestral basada en inventos modernos. Y si no os lo creéis investigad sobre los orígenes de la gaita o de la falda. Aquí me veo en la obligación de hacer un inciso y retirar lo que acabo de decir, pues si esto lo leyera por casualidad algún escocés lo más probable es que me tirara al suelo de un barrigazo por llamarle falda a su atuendo nacional, el kilt. Dicho queda. ¿Y qué me decís del monstruo del Lago Ness? Una obra maestra, eso es lo que pienso yo.
Lo que ciertamente es innegable es la historia literaria que atesoran y que ha hecho pasar grandes momentos a generaciones de lectores de todos los países del mundo. Scott, Doyle o Stevenson son solo algunos de los nombres que pueblan en la historia de los grandes escritores y que a mí personalmente más me han hecho disfrutar. Todos ellos encontraron su inspiración en esa ciudad encantada que es Edimburgo y que da hogar a tantas fantasías y leyendas. Y aquí es donde llego al objetivo de esta entrada, pues en Edimburgo es donde hace poco se celebró el premio BP al mejor retrato del año 2012, que obtuvo Aleah Chapin por su obra Auntie. La exposición, BP Portrait Award 2012, tuvo lugar en el magnífico edificio de la Scottish National Portrait Gallery y contó con la presencia de cincuenta y cinco trabajos que se seleccionaron de entre más de 2000 propuestas internacionales. Como curiosidad diremos que el segundo premio se lo llevó el español Ignacio Estudillo por su obra El abuelo.
Así que no perdáis la oportunidad de acudir a esta encantadora ciudad, en todos sus sentidos, y presentaros en la Portrait Gallery aunque ya haya pasado la exposición, porque ya habéis visto la cantidad de emociones que la visita os puede deparar. Para profundizar sobre el sujeto de los retratos en Parkstone tenemos el libro de Victoria Charles y Klaus H. Carl, 1000 Portraits of Genius (en inglés), que os puede ayudar a conocer la historia de este arte.
La fotografía parece un arte reservado a la revista NationalGeographic o al concurso internacional más importante del mundo, el WorldPressPhoto. Sin embargo, hay muchos fotógrafos que han explorado las múltiples posibilidades de este invento relativamente moderno en relación con la pintura clásica. Desde comienzos del siglo XIX, cuando Daguerre inventó el daguerrotipo, algunos fotógrafos emplearon las tradiciones del arte pictórico, incluyendo a los grandes maestros, para explorar y justificar su arte.
Recientemente, la NationalGallery de Londres dedicaba una exposición, Seducedby art: Photographypast&present, a la investigación de grandes fotógrafos como Martin Parr, CraigieHorsfield, Sam Taylor-Wood, Richard Billingham, Julia Margaret Cameron oGustave Le Gray, a los que situaba junto a obras clavede la colección propia de la NationalGallery para extraer de la historia de la fotografía aquellos puntos de encuentro en los que los primeros se dejaban influenciar o se inspiraban directamente de las segundas. La exposición estaba distribuida de acuerdo con la división tradicional de géneros como retratos, naturalezas muertas, desnudos o paisajes, y buscaba resaltar la universalidad de temas e influencias comunes a todos los trabajos. Asimismo, dedicaron un espacio para la experimentación contemporánea con fotografías y vídeos encargados especialmente para la ocasión.
[vimeo http://vimeo.com/23638593]OriGersht, Big Bang, 2006. Noga Gallery of Contemporary Art, Tel Aviv.
Por desgracia la exposición en Londres ya cerró sus puertas, pero como se trata de una colaboración con otros museos estamos de suerte, ya que desde el 18 de Junio y hasta el 15 de septiembre podremos disfrutarla en el CaixaForum de Madrid. No te pierdas la oportunidad de disfrutar de esta singular idea en la que podrás apreciar la relación de entre el arte pictórico y la fotografía. En Parkstone disponemos de varios títulos que pueden servir para prepararte: Fotografía erótica, de Klaus Carl, Naturaleza muerta, de Victoria Charles, Desnudos, de Jp. A. Calosse, y Paisajes, de Émile Michel (en inglés)
Todo empezó una mañana del 8 de julio de 1853. El comodoro Matthew Calbraith Perry a bordo del USS Susquehanna llegó a las costas de Japón, al puerto de Edo (actual Tokio), con la intención de negociar un tratado comercial con EE.UU. Sus demandas eran la apertura de al menos un puerto al comercio extranjero y la seguridad de que las propiedades y pescadores americanos serían respetados. Al verse opuesto por una negativa amenazó con emplear la muy superior fuerza armamentística de que disponía. Ante semejante disparidad, los gobernantes japoneses no tuvieron otra opción que ceder. El tratado se firmó el 31 de marzo de 1854. Este singular evento tuvo drásticas consecuencias para la sociedad japonesa. Al principio, los shogunes, los daimyos y los samuráis ―comandantes en jefe, grandes lores y guerreros que ostentaban el poder real tras el emperador figurante― se resistieron e intentaron conservar el orden feudal existente. Se sucedieron años de numerosas refriegas hasta que en 1868, el que se conoce como el último samurái, Saigō Takamori, sucumbió a las fuerzas del general Tateki en una dura batalla que frustró todo futuro levantamiento al demostrar la superioridad de las armas modernas frente a la tradición.
Derrotados los samuráis y sus privilegios, comenzó una nueva era, conocida como la Restauración de Meiji. Esta supuso la apertura de Japón a occidente en forma de intercambios comerciales y culturales. Lo que siguió a esta apertura fue que el arte japonés se dio a conocer en Europa, principalmente en forma de impresiones xilográficas de los maestros del ukiyo-e ―nada que ver con electrónico, pues significa «imágenes del mundo flotante»― que pudieron verse por primera vez en la Exposición Universal de Londres en 1862, donde fueron una de las principales atracciones. Posteriormente, en la Exposición Universal de París de 1867, este arte se dio a conocer entre los artistas franceses quienes rápidamente lo absorbieron y se empezaron a servir de sus características para sus nuevas creaciones. Lo que les atraía de este nuevo arte eran sus figuras alargadas, las composiciones asimétricas, la perspectiva aérea, los espacios vacíos excepto por abstracciones de color y línea, y su interés por los singulares motivos decorativos. De esta manera, empezando por los impresionistas y llegando hasta los cubistas, muchos fueron los autores que se apoyaron en estos nuevos elementos para romper con las convenciones academicistas que consideraban opresoras.
Quien no dudó en abrazar este nuevo estilo para conseguir variados efectos en su pintura fue Vincent van Gogh, pues llegó incluso a realizar copias de algunas estampas de Hiroshige con la intención de estudiar a fondo su atrevida temática, sus colores intensos y la elegancia y sencillez de sus seguras líneas. En algunos trabajos posteriores de van Gogh se puede todavía apreciar esta influencia permanente en los contornos negros, el contraste de colores y las composiciones recortadas, características estas propias de los grabados japoneses.
Utagawa Hiroshige es el artista de ukiyo-e más reconocido en Japón y menos reconocido en el mundo occidental. Aunque La gran ola de Kanagawa, de Katsushika Hokusai, es el ejemplo de estampa más repetido y en occidente todos le tienen por el mejor artista, en la lejana isla oriental este desconocimiento del que ellos consideran el gran maestro de la xilografía les hace sonreír. Para subsanarlo, la Pinacoteca de París presentó recientemente una exposición doble, L’art du voyage, en la que confrontaba la obra de de Vincent van Gogh a la de este genial artista, su principal inspiración. El título de la muestra hace referencia no sólo a los viajes de Hiroshige desde Edo a Kioto, donde produjo una cincuentena de estampas, sino también al viaje interior que propone al observar la naturaleza en sus cuatro estaciones, contemplar el pasar del tiempo y examinar la vida de la ciudad como exceso de sensaciones que esta ofrece al cuerpo. Un lujo que fue descubierto en Europa en el siglo XIX y que ahora añadimos nosotros a nuestra colección.

Utagawa Hiroshige, En los predios del santuario Akiba en Ukeji. Ukeji Akiba-no keidai, agosto de 1857.
Grabado en madera y color, 36 x 24 cm.
Museo de Arte de Brooklyn, Nueva York.
Pocas veces una expedición con intenciones tan mundanas y egoístas resultó en un beneficio tan extenso y renovador. Si no hubiera sido por el comodoro Calbraith, o más bien por el afán expansionista estadounidense, no sabemos cuándo hubiéramos tardado en poder disfrutar de este lindo hallazgo que sirvió a tantos artistas para renovar el orden pictórico establecido. Por una vez, agradezcamos las buenas consecuencias de una discutible acción que no hizo, nada más y menos, sino abrir las puertas a la modernidad.
En Parkstone tenemos los libros de Mikhail Uspensky y Edmond de Goncourt, Hiroshige y Ukiyo-e (en francés) respectivamente, que te servirán de iniciación para este viaje de fantasía y tradición que nos proponía la Pinacoteca de París.
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