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Aunque es un pintor con un estilo muy reconocible, seguramente lo que más fama le ha dado a Félix Vallotton son sus xilografías. El pintor nacido en Lausana fue miembro del grupo Nabi formado en torno a Maurice Denis, Serusier, Bonnard, Vuillard y otros jóvenes pintores vanguardistas, pero la suya fue siempre una participación algo “periférica”. Lo mismo se puede decir de las demás corrientes a las que se le ha adscrito porque Vallotton, como todods los grandes artistas, es esquivo a las etiquetas contundentes.
Los temas de sus grabados son los mismos de su pintura: tanto las escenas callejeras como los interiores merecen su atención, y en muchas ocasiones ello se adereza con sentido del humor o la presencia implícita de algo que se nos escapa. Como en sus mejores cuadros -piénsese en La visita– Vallotton es un pintor sutil que no revela nada de inmediato. Un primer vistazo de sus cuadros nos dirá muy poco acerca de lo verdaderamente importante, esto es, lo que late bajo la superficie. Por eso resulta muy acertado el título de la exposición que se le está dedicando en el Grand Palais de París, “El fuego bajo el hielo”.
Este es el gran dilema. Imagino que cuando una mujer accede a casarse con un hombre con inclinaciones artísticas reconocidas, de alguna manera acepta implícitamente la eterna sospecha del engaño. Esta hipótesis puede sin duda basarse en la visión estereotipada del artista bohemio y mujeriego, sin tener en cuenta que muchos artistas han sido fieles a sus esposas durante años (lo pienso y se me ocurren varios, aunque no me atrevo a escribirlos porque no pondría la mano en el fuego por ellos). Sin embargo, cuando el artista en cuestión pinta una mujer desnuda, que permanece en su estudio durante horas e incluso días, o, lo que es más, cuando parece tener una obsesión por pintar mujeres desnudas por la cantidad de cuadros que dedica a esta temática sin una motivación aparente, la sospecha puede convertirse en confirmación velada.
A las pequeñas piezas que, desde el siglo XIX, se fueron superponiendo sobre las bases cada vez más tambaleantes del arte tradicional se les sumó hacia 1908-09 una última pieza que desmoronó la torre entera. El cubismo destrozó la idea tradicional de perspectiva, aquella que había guiado el arte occidental desde hacía siglos. Nada de lo que se hiciera después sería del todo inmune a su influencia: el cubismo fue un borrón y cuenta nueva del que seguramente aún no hemos extraído todas las consecuencias.
Como la figura de Pablo Picasso engulle todo lo que tiene a su alrededor, sigue siendo necesario recordar que el cubismo fue un invento tanto de él como de Georges Braque. Estrictamente hablando, seguramente sea justo decir que fue el francés, y no el malagueño, el primero en pintar cuadros que podemos calificar de cubistas. → Más información
Freud no fue el primero que se interesó a eso que ocupa nuestras noches y no me refiero a lo que hacemos cuando estamos despiertos, sino a lo que sucede en nuestra cabeza, o más bien lo que fabrica nuestro cerebro, mientras estamos dormidos. En la época del Renacimiento, los principales maestros se empeñaron en buscar la mejor manera de representar lo que sueña un soñador. Partían de la base de que el sueño nos ponía en contacto con el más allá y que los sueños nos permitían evadirnos de nuestros cuerpos de alguna manera espiritual. Estas interpretaciones pasaron por la exploración del sueño en forma de revelación de otro mundo, en forma de transfiguración del vivir cotidiano, mezclado con la exploración erótica, o incluso, en forma de metáfora del arte mismo.

Rafael, El sueño del caballero, 1504.
Óleo sobre álamo, 17.1 x 17.3 cm. The National Gallery, Londres.
Para entender mejor la manera en que El Bosco, Veronese, El Greco y otros se acercaron al tema del sueño durante esta época de libertad interpretativa y artística, El Museo de Luxemburgo nos presenta una exposición que estará activa hasta el 26 de enero de 2014 y que junta muchas de las obras del Renacimiento que se ocuparon del asunto. Para arroparnos en el tema y sumirnos en la profundidad del sujeto, han realizado el siguiente video:
Nosotros en Parkstone te proponemos nuestro ejemplar de Arte del Renacimiento que te permitirá soñar despierto sin alejarte de tu casa ni tomar ningún somnífero. No te quedes dormido y deja que tus sueños salten del reposo a la actividad.
Que la violencia es deplorable no permite mucha discusión. Aquellos que fueran capaces de disentir de tal afirmación estarían, como consecuencia de su oposición, desestimándose a sí mismos como contrincantes en una pelea, aunque solo fuera verbal en un principio, por su sola aceptación de que un posible recurso a la fuerza puede ser divertido. Si disfrutas con la violencia hay algo que no va muy bien en tu cabeza. Aunque, eso sí, la justificación de la misma es otro tema.
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Un artista, bueno o malo, no deja de retratarse nunca. Da igual que pinte un bodegón, escriba unos versos o toque estos acordes o aquellos: cada obra de arte es un resumen más o menos explícito de una manera de ver el mundo. De igual modo, cuando un buen pintor -o fotógrafo, o escultor- retrata a alguien, debe esforzarse por hacer de su representación una suerte de resumen biográfico. Sin contar con las facilidades descriptivas del escritor, el artista plástico debe, ante todo, volver visible el ser profundo del retratado, o sea, lograr casi lo imposible: que, al mirarlo, uno sienta empatía hacia un total desconocido.
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