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Scarpe, servo delle mie brame, siete le più belle
27 may 2013

Scarpe, servo delle mie brame, siete le più belle

Non è una novità che alla major parte delle donne piacciono le scarpe. Rappresentano per noi, ragazze, una specie di gioielli che si scelgono secondo il vestito portato. Le scarpe hanno una dimenzione estetica essentiale e accentuano il glamour. Chi, all’esempio di Carrie Bradshaw non ha mai sognato di poter avere un bellissimo dressing pieno di scarpe ? Chi, non ha mai passato una serata sofferendo di male di piede incredibile perché le sue scarpe non erano comode pero … erano belle ?

A me piacciono particolarmente i tacchi e le sandale d’estate. Perché ? I tacchi mi rendono più alta, mi stendono la “silhouette” e le gambe e sono simbolo di feminità e di glamour. E le sandale (senza tacchi) perché d’estate, mi piace anche essere al mio agio.

 

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Scarpe di donna, Italia, XVII secolo, Musée International de la Chaussure, Romans.

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Scarpe « Décolleté » di Marylin Monroe, decorate di strass rosso Swarosvki, create da S. Ferragamo per il film Let’s make love di George Cukor in 1960, Museo di Ferragamo, Firenze.

 

Quando ero piccola, mia mamma mi diceva : “ Impari a conoscere un’uomo quando guardi le sue scarpe. Se sono pulite, è ordinato”. Questa frase mi è rimasta in testa durante anni. Non, non è vero. La verità è che l’avevo dimenticata fino al mio arrivo in Italia cinque anni fa. Per essere precisa mi è tornata in testa il 17 settembre 2007, a Parma. Stavo aspettando, seduta su un banco con le mie valigie, che l’ufficio che mi doveva ospitare aprisse, chiedendomi cosa facevo lì, e guardando o piuttosto dovrei dire ”ammirando” la gente andare al lavoro, (gente = uomini), perché erano le 8 di mattina. Erano bellissimi, pantaloni neri, camicie bianche, capelli gominati (si si è vero !). Mi stavo già meravigliando quando il mio sguardo ha derivato verso un super bel uomo, alto, con gli occhi azzuri, capelli chiari, viso di angelo. Avrebbe potuto essere modello di diciamo, fragranza. Era perfetto ragazze! Sfortunatamente, il mio godimento è stato molto breve : non so assolutamente perché i miei occhi si sono spostati sulle sue scarpe. Da questo momento il mondo è crollato attorno da me. Questo modello cosi bello portava delle scarpe vecchie di trent’anni, danneggiate e ovviamente non lucidate. Per essere onesta, di solito non mi attaco a queste cose pero, devo ammettere che sono rimasta delusa e frustata. Come, un’uomo cosi chic poteva arrischiarsi a portare scarpe antiche? Magari pensava che non si vedessero, magari era in ritardo e non aveva visto quale scarpe stava mettendo… Ho provato di dargli mille ragioni.. ma, non, nessuna scusa.

Moralità : ragazzi, attento! La scelta delle scarpe non deve essere sbadata. Non pensare MAI che le ragazze non ci fanno attenzione perché vi guardiamo dall’alto in basso Signori…

 

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Scarpe di Maurice Chevalier, portate al teatro degli Champs-Elysées, Musée international de la Chaussure, Romans.

 

Se vi piacciono le scarpe, la mostra del Metropolitan Museum di New York vi apre generosamente le sue porte. Se purtroppo vi è impossible attraversare l’Oceano Atlantico, potete consultare il libro Shoes, pubblicato da Parkstone International.

Color, trazo, luz: ¡bingo!
27 may 2013

Color, trazo, luz: ¡bingo!

¿Qué ha sido de esta diversión tan popular otrora? Recuerdo cuando los bingos eran un lugar de peregrinaje al que la gente se dirigía para tentar a la suerte y multiplicar sus magros sueldos. En realidad, era más un pasatiempo que otra cosa, ya que las posibilidades de ganar siempre han sido escasas, solo una persona puede cantar línea y solo otra cantará bingo. Aunque claro, todo depende de las partidas que se jueguen. No había tampoco barrio o asociación cultural, hogar del jubilado, fiestas de pueblo, tarde en casa con la familia, que se preciara que no organizara una velada de: 22, los dos patitos; 15, la niña bonita; 13, la mala pata; 11, las banderillas; 33, la edad de Cristo, etc. Todo empezó cuando en 1977 cambió la ley en España y se legalizó el juego (este y todos los demás). En esos primeros años, pues, fue cuando se produjo la proliferación de salas y su arraigo en la cultura española. ¿Quién no recuerda Los bingueros (Mariano Ozores, 1979)? ¿O la infame versión que Ozores se hizo de su misma película en Ya no va más (1988)? ¿O Las chicas del bingo (Julián Esteban, 1982)? Es cierto que en todas estas películas el bingo era una excusa para pasar de alguna manera u otra al verdadero asunto del filme, que no era otro que mostrar a chicas ligeras de ropa, pero al menos suponían un desvío de la recurrente temática del cine español, que si no me equivoco no pasa un año sin que produzca, como mínimo, dos o tres películas sobre la tan nuestra Guerra Civil. Digo esto porque este año, del que llevamos solo cinco meses, ya se han hecho dos: Un Dios prohibido (Pablo moreno, 2013) y La mula (Michael Radford, 2013). Pero si hacen falta datos para apoyar todavía más mi tesis aquí os dejo esta magnífica página web:http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/historia_guerracivil.htm.

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Escena de la película Los bingueros protagonizada por Andrés Pajares y Fernando Esteso (Mariano Ozores, 1979).

Decíamos. El bingo ya pasó de moda. Ahora la gente prefiere ir a la bolera o apostar sus esperanzas al Euromillón. Los bingos de juguete apilan polvo en los trasteros de las casas, solo recordándonos su existencia en un pasado no tan lejano los hallazgos de las bolas numeradas en esos acumuladores de tesoros que son las espaldas de los muebles. Qué le vamos a hacer, es la evolución humana. Llorar por la pérdida de un ser querido no lo traerá de vuelta. Antes al contrario, lo mantendrá presente para que sigamos sufriendo indefinidamente. A olvidar se ha dicho. Siempre podremos consolarnos acudiendo a alguna de las salas que aún permanecen abiertaspor toda la geografía española, cada vez con menos clientes,que, para aquellos que no lo sepan, tienen la característica de contar con precios imbatibles en lo que se refiere a consumiciones y menús.

Pero,¿a qué viene lo de color, trazo y luz? Pues resulta que el enero pasado, la NationalGallery of Art alojó una exposición, Color, Line, Light: French Drawings, Watercolors, and Pastelsfrom Delacroix toSignac, en la que presentó la colección de dibujos y acuarelas de James T. Dyke, uno de los más astutos coleccionistas de los siglos XIX y XX en lo que a trabajos sobre papel se refiere. Entre sus joyas se podían contemplar unas 100 obras que mostraban el desarrolloen el arte del dibujo en Francia desde el romanticismohasta el realismo, pasando en el camino por los impresionistas, nabis y neoimpresionistas. Artistas que estuvieron activos desde 1830 hasta 1930 incluían a Delacroix, Monet, Degas, Cézanne,Signac, y ponían de manifiesto la diversidad de temática, estilos y técnicas.

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Paul Signac, Martigues, abril de 1929. Lápiz y acuarela sobre papel,27,62 x 43,5 cm.
Arkansas Arts Center Foundation, Little Rock. Regalo de James T. Dyke 1999.

Esta vez no llegamos a tiempo, pero, como siempre, en Parkstone tenemos un libro que podrá suplir las carencias económicas para pagar el viaje, las de conocimiento por si no conocíamos este arte y las de entretenimiento por si nuestra única afición era el desvirtuado bingo. Lo firma Victoria Charles y se llama French Painting (en francés).

Man O’ Letter.

La verdad del poliedro
27 may 2013

La verdad del poliedro

Matisse pasó la mayor parte de su vida intentando buscar la verdad. Para él la verdad estaba escondida tras la simplificación de las líneas y la combinación de colores. Por este motivo se dedicaba a estudiar sus propias obras y repetirlas con el objetivo de mejorar su técnica en cada nuevo cuadro que completaba. No son pocos los que han realizado series y copias de sus cuadros, pero es significativo que Matisse buscara no sólo comparar la luz o sus efectos sobre un determinado objeto, sino superarse individualmente con cada obra, alcanzar el cuadro verdadero, la perfección total.

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François Lemoyne, El Tiempo salvando a la Verdad de la Falsedad y la Envidia,
1737. Óleo sobre lienzo, 180.5 x 148 cm. Wallace Collection, Londres.

Recuerdo leer en algún lado, seguramente en un libro de citas, que la verdad es un poliedro del que cada uno ve una cara. En este caso, me parece que esta inocente frase viene al pelo para describir la obsesión de Matisse. Por dos motivos. El primero es que pretendía simplificar las líneas para facilitar la representación del cuerpo humano sin tener en cuenta su relación con la realidad. No entraremos a discutir si el arte moderno y su alejamiento de la representación figurativa es el resultado de una exploración de la decadencia espiritual del siglo XX, o el reflejo del rechazo frontal a los patrones artísticos académicos imperantes. Ambos pueden ser (y son) argumentos acertados del desarrollo de la pintura, aunque una explicación que siempre me pareció extremadamente convincente por su sencillez afirmaba que la creciente disparidad entre pintura y realidad se debía a la aparición de la fotografía. Si ya existía un medio que pudiera reflejar la realidad con mayor fidelidad de la que jamás podría alcanzar un cuadro, entonces la exploración del arte tenía que alejarse lo más posible de la imitación para buscar nuevas formas de expresar lo que los ojos veían. Por tanto, parece innegable que Matisse solo podía buscar la perfección de aquello que reconocían sus ojos y no así ningún tipo de verdad absoluta, ni mucho menos que estuviera en directa relación con la realidad.

El segundo motivo es la pretensión de unificar el gusto universal consiguiendo el cuadro verdaderamente perfecto. Se puede decir sin mucho miedo a equivocarse que La Mona Lisa de Leonardo da Vinci es uno de los cuadros que más admiración despierta entre todos los estratos culturales, ya sea por el reconocimiento de su importancia o por el simple asombro borreguil. No obstante, sería arriesgado afirmar que no hay una sola persona a quien no disguste el cuadro sea cual fuere el motivo del rechazo. A mí, personalmente, siempre me pareció muy curioso que la atención en la sala donde se expone La Gioconda se dirigiera única y exclusivamente hacia esa tela de 77 x 53 cm. ―en mis experiencias en el Louvre, la gente entra en la sala, galopa hacia el cuadro y se agolpa en frente suyo, ignorando todo lo que se encuentra alrededor― cuando justo detrás se encuentra una obra maestra de Veronese que además cuenta con el honor de ser la mayor pintura, en tamaño, de que dispone el Louvre. Un imponente trabajo de 677 x 994 cm. Una obra en la que se puede uno pasar horas observando los detalles tan representativos de la época en que fue pintada y aprender de las polémicas que suscitó su creación. Con esto no estoy diciendo que desprecie La Gioconda como trabajo, sino que puede haber motivos suficientes, por simples que estos sean, para estar en contra de una obra, aunque esta se considere la mayor obra maestra de la historia, valga la redundancia. En consecuencia, confío en que la búsqueda de Matisse por alcanzar la obra verdadera fuera más un intento de progresar técnicamente que una ambición real por encontrar el cuadro que combinara las más dispares sensibilidades artísticas, pues es casi imposible que aquello que gusta a una persona encuentre su par en las inclinaciones de todos los demás.

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Paolo Veronese, Las bodas de Caná. Óleo sobre lienzo, 677 x 994 cm. Musée du Louvre, París.

Sin embargo, no permitas que mis observaciones sobre la validez o no del argumento que guio la vida de este polifacético artista, y que recientemente homenajeó el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en su exposición In search of True Painting, te alejen del descubrimiento de su vasta obra. En Parkstone ponemos a tu disposición dos trabajos de Victoria Charles, Naturaleza Muerta y Flores, para que descubras algunos de los aspectos menos conocidos de la exploración artística de Matisse.

Man O’ Letter.

(English) In Love … With Myself
27 may 2013

(English) In Love … With Myself

Disculpa, pero esta entrada está disponible sólo en German, French y English.

El pequeño gran país
27 may 2013

El pequeño gran país

Cualquier oportunidad es buena para ir a Escocia. Cuando estuve viviendo allí recuerdo que el eslogan del momento decía que era el mejor país pequeño del mundo. Sinceramente, esto de los eslóganes de las ciudades, regiones o países siempre me ha parecido divertido, sobre todo por la capacidad inventiva de los publicistas para promocionar ciertos lugares con las frases más exageradas. Ahora mismo se me vienen a la cabeza dos de mis favoritos: «Cantabria infinita» y «Castilla y León, cada día un fin de semana». ¿Cómo vamos a dejar de ir a dos lugares así? Combinados, digo yo, sería algo así como el paraíso, ¿no? ―que no se asuste Corocotta que de momento los castellanos se conforman con ser un puerto seco―. Pero volvamos a Escocia. Su eslogan, que conste, no fue inventado por una agencia de publicidad, sino por el anterior Primer Ministro, y es que el país al norte del muro de Adriano es de sobra conocido por su capacidad inventiva. Basta solo pasar una tarde en el pub para que le crezca el orgullo patrio a algún «local» y nos haga una extensa lista de todas aquellas cosas que han inventado a lo largo de la historia. En todos los campos imaginables. Aunque a medida que se vaya calentando la tarde, y las tardes en Escocia solo se calientan de una manera, es muy probable que intente convencernos de que incluso el McDonald’s, la música rock ―los antepasados de Elvis eran de Caledonia (?)―, o hasta el mundo moderno, gracias a la hipótesis de Arthur Herman, son de origen escocés. Algunos defienden, y aquí es donde entra en juego la tesis de Herman, que las causas de todas estas invenciones son el período de la Ilustración que se desarrolló en el siglo XVIII, o el hecho de que fuera el primer país en diseñar un sistema de educación pública general allá por el siglo XV. Yo, por mi parte, siempre he pensado que, aparte de todos estos elementos que seguramente tendrán algo que ver, lo más probable es que si tienes que quedarte en casa todo el año debido al frío que hace lo lógico es que acabes inventando algo, aunque solo sea para distraerte. Y más teniendo en cuenta que por aquel entonces no había televisión.

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Joseph Mallord William Turner, Loch Coruisk, Skye, 1831. Acuarela sobre papel, 8,9 x 14,3 cm. The National Gallery of Scotland, Edimburgo.

Pero no todo en la vida son inventos y adaptaciones de otros inventos. Escocia está plagada de muchos otros atractivos que no hace falta que me ponga a detallar, ya que ellos solos saben hacerse la publicidad muy bien. Pocos países han conseguido convencer a tanta gente de poseer una cultura ancestral basada en inventos modernos. Y si no os lo creéis investigad sobre los orígenes de la gaita o de la falda. Aquí me veo en la obligación de hacer un inciso y retirar lo que acabo de decir, pues si esto lo leyera por casualidad algún escocés lo más probable es que me tirara al suelo de un barrigazo por llamarle falda a su atuendo nacional, el kilt. Dicho queda. ¿Y qué me decís del monstruo del Lago Ness? Una obra maestra, eso es lo que pienso yo.

Lo que ciertamente es innegable es la historia literaria que atesoran y que ha hecho pasar grandes momentos a generaciones de lectores de todos los países del mundo. Scott, Doyle o Stevenson son solo algunos de los nombres que pueblan en la historia de los grandes escritores y que a mí personalmente más me han hecho disfrutar. Todos ellos encontraron su inspiración en esa ciudad encantada que es Edimburgo y que da hogar a tantas fantasías y leyendas. Y aquí es donde llego al objetivo de esta entrada, pues en Edimburgo es donde hace poco se celebró el premio BP al mejor retrato del año 2012, que obtuvo Aleah Chapin por su obra Auntie. La exposición, BP Portrait Award 2012, tuvo lugar en el magnífico edificio de la Scottish National Portrait Gallery y contó con la presencia de cincuenta y cinco trabajos que se seleccionaron de entre más de 2000 propuestas internacionales. Como curiosidad diremos que el segundo premio se lo llevó el español Ignacio Estudillo por su obra El abuelo.

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Aleah Chapin, Auntie, 2012.
Óleo sobre lienzo, 147,32 x 96,52 cm.

Así que no perdáis la oportunidad de acudir a esta encantadora ciudad, en todos sus sentidos, y presentaros en la Portrait Gallery aunque ya haya pasado la exposición, porque ya habéis visto la cantidad de emociones que la visita os puede deparar. Para profundizar sobre el sujeto de los retratos en Parkstone tenemos el libro de Victoria Charles y Klaus H. Carl, 1000 Portraits of Genius (en inglés), que os puede ayudar a conocer la historia de este arte.

Arte fotos
27 may 2013

Arte fotos

La fotografía parece un arte reservado a la revista NationalGeographic o al concurso internacional más importante del mundo, el WorldPressPhoto. Sin embargo, hay muchos fotógrafos que han explorado las múltiples posibilidades de este invento relativamente moderno en relación con la pintura clásica. Desde comienzos del siglo XIX, cuando Daguerre inventó el daguerrotipo, algunos fotógrafos emplearon las tradiciones del arte pictórico, incluyendo a los grandes maestros, para explorar y justificar su arte.

Oscar Gustav Reijlander, The two ways of life, 1857. 41 x 79 cm. Royal PhotographicSociety, Bath.

Oscar Gustav Reijlander, The two ways of life, 1857. 41 x 79 cm. Royal PhotographicSociety, Bath.

Recientemente, la NationalGallery de Londres dedicaba una exposición, Seducedby art: Photographypast&present, a la investigación de grandes fotógrafos como Martin Parr, CraigieHorsfield, Sam Taylor-Wood, Richard Billingham, Julia Margaret Cameron oGustave Le Gray, a los que situaba junto a obras clavede la colección propia de la NationalGallery para extraer de la historia de la fotografía aquellos puntos de encuentro en los que los primeros se dejaban influenciar o se inspiraban directamente de las segundas. La exposición estaba distribuida de acuerdo con la división tradicional de géneros como retratos, naturalezas muertas, desnudos o paisajes, y buscaba resaltar la universalidad de temas e influencias comunes a todos los trabajos. Asimismo, dedicaron un espacio para la experimentación contemporánea con fotografías y vídeos encargados especialmente para la ocasión.

[vimeo http://vimeo.com/23638593]OriGersht, Big Bang, 2006. Noga Gallery of Contemporary Art, Tel Aviv.

Por desgracia la exposición en Londres ya cerró sus puertas, pero como se trata de una colaboración con otros museos estamos de suerte, ya que desde el 18 de Junio y hasta el 15 de septiembre podremos disfrutarla en el CaixaForum de Madrid. No te pierdas la oportunidad de disfrutar de esta singular idea en la que podrás apreciar la relación de entre el arte pictórico y la fotografía. En Parkstone disponemos de varios títulos que pueden servir para prepararte: Fotografía erótica, de Klaus Carl, Naturaleza muerta, de Victoria Charles, Desnudos, de Jp. A. Calosse, y Paisajes, de Émile Michel (en inglés)

Una acción discutible
27 may 2013

Una acción discutible

Todo empezó una mañana del 8 de julio de 1853. El comodoro Matthew Calbraith Perry a bordo del USS Susquehanna llegó a las costas de Japón, al puerto de Edo (actual Tokio), con la intención de negociar un tratado comercial con EE.UU. Sus demandas eran la apertura de al menos un puerto al comercio extranjero y la seguridad de que las propiedades y pescadores americanos serían respetados. Al verse opuesto por una negativa amenazó con emplear la muy superior fuerza armamentística de que disponía. Ante semejante disparidad, los gobernantes japoneses no tuvieron otra opción que ceder. El tratado se firmó el 31 de marzo de 1854. Este singular evento tuvo drásticas consecuencias para la sociedad japonesa. Al principio, los shogunes, los daimyos y los samuráis ―comandantes en jefe, grandes lores y guerreros que ostentaban el poder real tras el emperador figurante― se resistieron e intentaron conservar el orden feudal existente. Se sucedieron años de numerosas refriegas hasta que en 1868, el que se conoce como el último samurái, Saigō Takamori, sucumbió a las fuerzas del general Tateki en una dura batalla que frustró todo futuro levantamiento al demostrar la superioridad de las armas modernas frente a la tradición.

Derrotados los samuráis y sus privilegios, comenzó una nueva era, conocida como la Restauración de Meiji. Esta supuso la apertura de Japón a occidente en forma de intercambios comerciales y culturales. Lo que siguió a esta apertura fue que el arte japonés se dio a conocer en Europa, principalmente en forma de impresiones xilográficas de los maestros del ukiyo-e ―nada que ver con electrónico, pues significa «imágenes del mundo flotante»― que pudieron verse por primera vez en la Exposición Universal de Londres en 1862, donde fueron una de las principales atracciones. Posteriormente, en la Exposición Universal de París de 1867, este arte se dio a conocer entre los artistas franceses quienes rápidamente lo absorbieron y se empezaron a servir de sus características para sus nuevas creaciones. Lo que les atraía de este nuevo arte eran sus figuras alargadas, las composiciones asimétricas, la perspectiva aérea, los espacios vacíos excepto por abstracciones de color y línea, y su interés por los singulares motivos decorativos. De esta manera, empezando por los impresionistas y llegando hasta los cubistas, muchos fueron los autores que se apoyaron en estos nuevos elementos para romper con las convenciones academicistas que consideraban opresoras.

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Claude Monet, Alameda en el río Epte, 1891.
Óleo sobre lienzo, 100 x 65 cm.
Colección privada.

Quien no dudó en abrazar este nuevo estilo para conseguir variados efectos en su pintura fue Vincent van Gogh, pues llegó incluso a realizar copias de algunas estampas de Hiroshige con la intención de estudiar a fondo su atrevida temática, sus colores intensos y la elegancia y sencillez de sus seguras líneas. En algunos trabajos posteriores de van Gogh se puede todavía apreciar esta influencia permanente en los contornos negros, el contraste de colores y las composiciones recortadas, características estas propias de los grabados japoneses.

Utagawa Hiroshige es el artista de ukiyo-e más reconocido en Japón y menos reconocido en el mundo occidental. Aunque La gran ola de Kanagawa, de Katsushika Hokusai, es el ejemplo de estampa más repetido y en occidente todos le tienen por el mejor artista, en la lejana isla oriental este desconocimiento del que ellos consideran el gran maestro de la xilografía les hace sonreír. Para subsanarlo, la Pinacoteca de París presentó recientemente una exposición doble, L’art du voyage, en la que confrontaba la obra de de Vincent van Gogh a la de este genial artista, su principal inspiración. El título de la muestra hace referencia no sólo a los viajes de Hiroshige desde Edo a Kioto, donde produjo una cincuentena de estampas, sino también al viaje interior que propone al observar la naturaleza en sus cuatro estaciones, contemplar el pasar del tiempo y examinar la vida de la ciudad como exceso de sensaciones que esta ofrece al cuerpo. Un lujo que fue descubierto en Europa en el siglo XIX y que ahora añadimos nosotros a nuestra colección.

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Utagawa Hiroshige, En los predios del santuario Akiba en Ukeji. Ukeji Akiba-no keidai, agosto de 1857.
Grabado en madera y color, 36 x 24 cm.
Museo de Arte de Brooklyn, Nueva York.

Pocas veces una expedición con intenciones tan mundanas y egoístas resultó en un beneficio tan extenso y renovador. Si no hubiera sido por el comodoro Calbraith, o más bien por el afán expansionista estadounidense, no sabemos cuándo hubiéramos tardado en poder disfrutar de este lindo hallazgo que sirvió a tantos artistas para renovar el orden pictórico establecido. Por una vez, agradezcamos las buenas consecuencias de una discutible acción que no hizo, nada más y menos, sino abrir las puertas a la modernidad.

En Parkstone tenemos los libros de Mikhail Uspensky y Edmond de Goncourt, Hiroshige y Ukiyo-e (en francés) respectivamente, que te servirán de iniciación para este viaje de fantasía y tradición que nos proponía la Pinacoteca de París.

Apadrina un Dalí
27 may 2013

Apadrina un Dalí

Dalí es el hombre de las mil caras, de la extravagancia como estandarte, de la controversia como modelo de vida, de la teatralidad como forma de promoción, del enfrentamiento con sus contemporáneos, de los exabruptos calculados, del culto al dinero por encima de todo y también, afortunadamente, del surrealismo llevado al extremo. ¡Viva Dalí, muerte al pan!

Son muchos los textos que se han escrito sobre su persona y su estilo de vida, seguramente más en vida de él que después de su fallecimiento, aunque en verdad basta con acercarse a las conjugadas frases que nos dejó para tratar de entender su histriónico carácter. Ya a la temprana edad de 16 años escribió en su confitado diario: «seré un genio, y el mundo me admirará». Con esta declaración de intenciones es fácil comprender la fuerte voluntad de que hizo gala a lo largo de su carrera para ser tomado por un loco en un mundo que se caracterizaba de más en más por su inestabilidad. Y hablando de Gala, a quien amaba más que a las butifarras, uno de los argumentos que tuvieron más peso en las fuertes críticas que recibió de sus compañeros de movimiento estaba relacionado con la adoración biológica que sentía por el dinero, no por menos, este fue el desencadenante de su expulsión del grupo liderado por André Breton, tras un juicio popular al que se presentó vestido de gala con una manta y un termómetro; sin embargo, Dalí tenía a gala presumir de esta afición desmesurada por el que otros consideraban vil metal, renegó del grupo que después le consideró su santo patrón y afirmó con galanía: «Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero».

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Dalí, Placeres iluminados, 1929. Óleo y collage en tabla. 24 x 35 cm. Musem Of Modern Art. Nueva York

Para poder admirar a este genio en todas sus acepciones y conocerlo por las conmocionantes obras que le lanzaron al estrellato, el Centre Pompidou en París le rinde un jondo homenaje para el que cuenta con algunas de sus mejores y más conocidas pinturas en una exposición sin precedentes que pretende aclarar toda la fuerza de su obra y todo aquello que esta debe a su personalidad, tanto a sus rasgos de genio como a sus excesos. En ella podremos ver de segunda mano, de primera sería imposible, Los relojes blandos, prestado por el MOMA de Nueva York, y otros préstamos de los principales museos de Dalí del mundo: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, la Fundació Dalí de Figueras y el Dalí Museum de San Petersburgo. De esta manera nos podremos evitar unos cuantos viajes y con solo un pequeño desplazamiento a la capital de la barra de pan fina podremos disfrutar de uno de los artistas más populares y que sin duda más supieron hacer uso de la creciente proliferación de la auto publicidad. Habrá que darse prisa porque la exposición termina el 25 de marzo, pero hay tiempo suficiente y, además, el Centre Pompidou ha ampliado sus horarios gracias a la marcial afluencia de gente. No solo se puede asistir incluso los domingos sino que el museo permanece abierto hasta las 23h cada día. Un pequeño consejo, si os decidís a hacer una visita sacad la entrada con antelación pues os evitaréis unas colas miriamétricas, con decenas de miles de Miriams esperando su turno.

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Cartel surrealista, 1934. Óleo. Colección privada.

Antes de empezar a preparar las maletas y obligar a tu pareja a que te acompañe, vete calentando motores con cualquiera de estos libros que presentan una extensa y magníficamente ilustrada colección de obras del artista, y con la que además será más fácil convencerla. Salvador Dalí y Dalí a secas, de Victoria Charles, o Life and Masterwoks of Salvador Dalí de Eric Shanes (en inglés). Si ya está de acuerdo, podréis compartir el placer de observar el despliegue de imaginación sin confines del que el maestro siempre fue adalid. Si no tienes pareja y te decides a ir solo, la buena noticia es que todo te saldrá a mitad de precio. Porque, eso sí, la entrada al museo no es gratuita, pero que mejor manera de contribuir al homenaje a Dalí, que colaborar a que la memoria del artista se siga enriqueciendo con aquello que casi más quiso.

Dalí, Centre national d’art et de culture Georges Pompidou, hasta el 25 de marzo de 2013.

La muerte también puede tener barba blanca y vestir de rojo
27 may 2013

La muerte también puede tener barba blanca y vestir de rojo

Las exposiciones de la Wellcome Collection de Londres no suelen dejar indiferentes a quienes las visitan, ya que combinan arte, ciencia y vida para crear conjuntos peculiares, aberrantes y conmovedores. Este invierno han decidido organizar una muestra acorde a las celebraciones navideñas. «Death: A Self-Portrait» nos invita a explorar trescientos objetos de la colección del neoyorquino Richard Harris relacionados con el festivo y alegre tema de la muerte y la mortalidad.

«Death: A Self-Portrait» se divide en cinco bloques: la contemplación de la muerte y la intrascendencia de los placeres mundanos; el omnia mors aequat y la fugacidad de la vida; las muertes violentas a causa, sobre todo, de la guerra; la lucha entre las pulsiones de vida y de muerte, y la honra a los difuntos en distintas culturas. Se trata en definitiva de ver la muerte como parte natural de la vida.

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Alberto Durero, El caballero, la muerte y el diablo, 1513.
Buril, 24,6 x 18,8 cm.
Rijksmuseum, Ámsterdam

En teoría, esta debería ser la actitud más razonable: la cesación de la vida es terrible e irremediable, así que quizá el precio que debemos pagar para hallar redención sea aceptar que todo sigue su curso a pesar de las pérdidas. No obstante, lo cierto es que la idea de la muerte suele causar repulsión, especialmente cuando trunca vidas jóvenes e inocentes en circunstancias trágicas. En tales casos es macabra, sórdida, mezquina, ruin, miserable, sucia, funesta, sombría y terriblemente triste. El primero de estos calificativos me resulta particularmente interesante. «Macabro» se define académicamente como ‘que participa de la fealdad de la muerte’ y su origen parece derivarse* del francés macabre y, concretamente, de las «danzas macabras» medievales. Se trataba de composiciones en las que la muerte invita a bailar a diversos personajes, incluidos el papa, el obispo, el emperador, el labriego y el herrero, y que tenían una doble finalidad. Por un lado, recordaban la importancia de morir cristianamente y, por el otro, satirizaban con el poder igualatorio de la muerte.

Lo cierto es que la muerte ha jugado un papel nada despreciable en las artes. Las danzas de la muerte, por ejemplo, no sólo forman parte de la literatura medieval, sino que se han reinterpretado en la pintura, en la música —el poema sinfónico de Saint-Saëns— y en el cine —quién podría olvidar la visión de Jof en El séptimo sello—. Disney también nos legó su propia versión y en la localidad girondina de Verges se procesiona una de estas danzas durante la Semana Santa. En la mayoría de los casos, la muerte se representa como un esqueleto o como una vecchia signora que siega las vidas de los pobres mortales con su guadaña. Suele llevar un reloj, que recuerda el inexorable paso del tiempo, y a veces monta un rocín famélico, como en la lámina de Durero El caballero, la muerte y el diablo.

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Rembrandt, El buey desollado (detalle), 1655.
Óleo sobre lienzo, 94 x 69 cm.
Musée du Louvre, París.

Para Terry Pratchett, la muerte es de género masculino, habla siempre en mayúsculas y «cuando visitó a Mort, le ofreció trabajo». Y no ha sido él el único que planteó la posibilidad de que la muerte se tome un descanso. Saramago exploró esta idea en profundidad en su obra Las intermitencias de la muerte: «la intención que me indujo a interrumpir mi actividad, la de parar de matar, a envainar la emblemática guadaña que imaginativos pintores y grabadores de otros tiempos me pusieron en la mano, fue ofrecer a esos seres humanos que tanto me detestan una pequeña muestra de lo que para ellos sería vivir siempre, es decir, eternamente».

El reloj de arena, o de sol, o de bolsillo, no es el único elemento que se suele asociar a la muerte. También se acompaña de animales en descomposición, humo, burbujas, flores marchitas, instrumentos musicales, fruta pasada, cruces, repiques de campanas y restos humanos. Muchos de estos símbolos se pueden encontrar en la detallada obra moral del flamenco Pieter Brueghel El triunfo de la muerte. Para Rembrandt, la muerte se materializa en forma de un buey abierto en canal, cuya carne contrasta con la pálida tez de una mujer que observa desde la distancia. Ivo Saliger vio la muerte como un esqueleto que arranca la vida de su hermana fallecida a los 22 años de los brazos de un doctor, que se esfuerza por salvarla. Goya retrató la muerte en sus Pinturas negras y dejó constancia de los horrores sucedidos durante la Guerra de la Independencia en una serie de oscuras estampa. En ellas, se ofrece una visión de la violencia de la que es capaz el ser humano y se da a entender que todo es vanidad, incluso la paz y la guerra de los hombres, y está abocado a la muerte.

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Francisco de Goya y Lucientes, Grande hazaña! Con muertos!
Prueba de estado. Desastre 39, 1810-1815.
Estampa sobre papel, 21 x 30 cm.
Staatliche Museen zu Berlin, Berlín.

La muerte también juega un papel fundamental en los cuentos de hadas de la tradición oral. En La bella durmiente, por ejemplo, el rey y la reina anhelaban una hija, quizá porque morir sin descendencia supondría una muerte eterna. Más tarde, Aurora se pincha el dedo con el huso de una rueca, que según la maldición de la decimotercera hada debía quitarle la vida. El hilo también es una imagen a la que se suele recurrir en relación con la muerte. No en vano, también se la llama parca («Ay, si un día para mi mal viene a buscarme…») y aquellas, las Moiras griegas o las Parcas romanas, eran tres viejas hermanas, Cloto, Láquesis y Átropos, de las cuales la primera hilaba, la segunda devanaba y la tercera cortaba el hilo de la existencia de los hombres. (También hilandera es Maya, una deidad que teje el velo de la ilusión con hilos invisibles, pero sé que me meto en camisa de once varas si empiezo con esto y luego paso a la profecía maya acerca del fin del mundo…).

Así pues, la muerte no solo es un término, sino que también es un comienzo, en cuanto a que constituye una grandiosa fuente de inspiración. Se puede fantasear con ella y transformarla en un juego de niños y adultos como hicieran Edward Gorey o Charles Addams, o más recientemente, Tim Burton o Neil Gaiman. Se puede examinar de forma aséptica y objetiva, como el enguatado Hércules Poirot de la reina del crimen. Puede tener una imagen amable, e incluso atractiva, como la de Brad Pitt en Conoces a Joe Black, o ser hija del amor. Puede ser una paloma muerta esbozada en un cuaderno por el pequeño Luc en Chocolat o filmada por Ricky Fitts en American Beauty. Puede estar implícita en un mechón de pelo atado con una cinta y guardado en un cajón. Puede ser una mujer cadavérica con patas de zancuda que sobrevuela los cielos de París y siembra la ciudad de bebés nonatos. Puede ser un elaborado y colorido altar adornado de flores y frutas. Puede ser un rastro de sangre, una cama vacía, un escalofrío…

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Pieter Brueghel «el Viejo», El triunfo de la Muerte, c. 1562.
Óleo sobre tabla, 117 x 162 cm.
Museo Nacional del Prado, Madrid.

Si piensas pasarte por Londres antes del 24 de febrero, marca en tu mapa la Eaton Road y recuerda que la muerte no le hace ascos a nadie, así que tal vez lo mejor sea llevarse bien con ella. Si no puedes desplazarte hasta allí, no dejes de compartir tus impresiones sobre la muerte en la página web de la exposición. Y si estás de acuerdo con aquello de que toda muerte nos disminuye porque estamos ligados a la humanidad y quieres aprender un poco más sobre las que plasmaron algunos de los más grandes artistas, no te pierdas nuestras fantásticas monografías sobre Durero, Rembrandt y Goya ni este ebook de Arturo Graf sobre el Diablo en el arte.

*Digo parece porque también es posible que las «almacabras» o cementerios musulmanes tengan algo que decir a este respecto.

¿Y si el que se desnuda es él?
27 may 2013

¿Y si el que se desnuda es él?

En un mundo que entiende el término ‘erótico’ como sinónimo de ‘desnudo integral’, cuesta imaginar que la imagen de alguien sin ropa pueda provocar críticas encendidas (excepto por los que se quejan de todo, ya sabéis quiénes son). Pero si el cuerpo desnudo es el masculino, es otro tema.

La sociedad patriarcal, que ha desnudado el cuerpo femenino hasta convertirlo en objeto y no contento con ello ha impuesto esa mirada a las propias mujeres de forma que ya ni protestamos al ver los genitales desnudos de una fémina, no soporta ver un hombre desnudo; le parece indecente, inmoral e incluso aberrante. Se siente atacada e indefensa ante la visión de «el padre» aparentemente vulnerable y en una posición de supuesta debilidad (sin mencionar el fantasma de la homosexualidad). Como toda cultura, quiere mantener oculto aquello que venera (en este caso, el falo), libre de riesgos y daños. Hace lo mismo con lo que considera pecaminoso, curiosa coincidencia.

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Donatello, David, c. 1440.
Bronce, al.: 158 cm.
Museo Nazionale del Bargello, Florencia.

Y no es que reivindique la cosificación del cuerpo masculino, pero considero que también puede ser bello y objeto de una obra de arte, y no debería causar reacciones como el pudor o el rubor. Es algo natural que ha de ser tomado como tal. El desnudo masculino tiene más de 4.000 años de antiguedad y no porque ahora nos hayamos vuelto unos mojigatos (e hipócritas) de cuidado va a dejar de ser arte. Eso sí, al arte lo que es del arte y al resto otra etiqueta, por favor.

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Egon Schiele, El predicador (Autorretrato), 1913.
Lápiz y aguada sobre papel, 47 x 30,8 cm.
Leopold Museum, Viena.

El tema es que el Leopold Museum (en Viena, ciudad cosmopolita y liberal, ya sabéis) tiene una exposición sobre el desnudo masculino que, al parecer, ha levantado ampollas en los sectores conservadores, y otros que no lo son tanto, de la ciudad. Si tienes un rato para acercarte a ver la otra cara del desnudo, puedes hacerlo hasta el 4 de marzo de 2013. Si prefieres disfrutar estas imágenes en la intimidad, no dudes en hacerte con Desnudos o The Story of Men’s Underware (en inglés).

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