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A la hora de realizar un retrato se nos presentan dos posibilidades, la primera de ellas a todas luces evidente y la segunda, aunque también manifiesta, mucho menos explorada, entre otras cosas por inatípica e inluso en cierto modo por ser contraproducente, a saber: realizar el retrato de frente o de espaldas. Digo contraproducente porque históricamente los retratos eran realizados por encargo y el retratado raramente pretendía no ser reconocido en el dibujo que sin duda acababa colgando en una de las salas principales de su residencia (podría llamarlo casa, pero si tienes medios, y ego, para encargar un retrato, lo más probable es que esa descripción se quede un poco pequeña), aunque también es verdad que en ocasiones el retrato podía ser un reconocimiento del artista a un amigo o a alguien admirado; pero en cualquier caso la idea es que se reconozca a la persona de quien se hace el retrato, mientras que al mostrar la parte posterior, de no ser que se tenga mucha confianza con la figura dibujada, es difícil poder identificar de quién se trata.
En el caso de Vallotton, aunque existe una gran cantidad de retratos ortodoxos, son numerosos los ejemplos en que el artista prefirió mostrarnos el reverso de la anatomía humana, o femenina más bien dicho, dejando así al descubierto una de sus mas íntimas debilidades. También se podría afirmar que estos cuadros no son en absoluto retratos y que únicamente se limitan a utlizar el cuerpo femenino desnudo para expresar un sentimiento o representar un estado del retratado o incluso del retratista, lo que generalmente se conoce como escena de género. A favor de esta denominación estaría por supuesto el hecho de que los cuadros en lugar de tener el nombre del retratado llevan por título un nombre general como bañista o desnudo.

Félix Vallotton, Adolescente entrando en el agua, 1907.
Óleo sobre lienzo, 56 x 85 cm. Colección privada.
No obstante, la ausencia de gestos faciales no hace sino acentuar la capacidad imaginativa y añadir un elemento sugerente a la obra. En este sentido, es consecuente con muchos de sus otros cuadros que invitan a despejar una incógnita, como pueden ser las puertas abiertas o la representación de personajes en actitud reflexiva. Este aspecto, entre otros, es lo que hace de la obra de Vallotton un pequeño secreto a descubrir que, sumado al desconocimiento del gran público sobre su obra, merece la pena rastrear como si de un sabueso se tratase para intentar dejar al descubierto la cara oculta que se esconde al otro lado del reverso incitador. En Parkstone te proponemos varios títulos con los que podrás deleitarte admirando la obra de este artista, y en los que además encontrarás el acertado análisis de la curadora Nathalia Brodskaia.
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