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Impresionismo y la moda
05 dic 2012

Impresionismo y la moda

Ahora que están tan de moda los blogs de estilismo y las egobloggers son las nuevas estrellas de la red, no está de más recordar que ellas no son las primeras ni las últimas en interesarse por la moda ni retratar el estilismo contemporáneo.

Haciendo un trabajo a medio camino entre los paparazzis y los cazadores de tendencias, los impresionistas, en su afán por retratar la vida urbana de la época, se convirtieron en pintores de la moda (que no de moda, la mayoría del público los denostaba). Desde los bailes de Renoir a las noches de ópera de Mary Cassat, podemos encontrar en sus cuadros a la gente «in» del París del Moulin Rouge y sus distintos modelitos de día y noche. ¿Os recuerda a algo?

Mary Cassatt, Lidia en el teatro, , c. 1879. Pastel, 53,3 x 43,2 cm. The Nelson-Atkins Museum of Art , Kansas City, Missouri.


Mary Cassatt, Mujer con collar de perlas en un palco, 1879. Óleo sobre lienzo, 81,3 x 59,7 cm. Philadelphia Museum of Art, Filadelfia

Y es que el ansia de retratar la vida cotidiana segundo a segundo nació mucho antes de que se inventaran los móviles con cámara (sí, esos que te bajas un programa y ya te crees que eres fotógrafo profesional). Visto el éxito y la estima en que ahora tenemos a estos reformadores de la pintura, ¿sería posible que en un par de siglos que viene se expusieran en los museos esas fotos que tanto nos molestan ahora en las redes sociales? (desde aquí quiero hacer un llamamiento: sí, es posible comer sin hacerle una foto al plato, ¡no todo el mundo quiere ver el aspecto de tu comida por más que el restaurante tenga estrellas Michelín! Fotos gastronómicas en revistas gastronómicas. Gracias.) Por nuestro bien, espero que no y que recuperemos el sentido común en algún momento.

Pierre August Renoir, Baile en el Moulin de la Galette, 1876. Óleo sobre lienzo, 131 x 175 cm. Musée d’Orsay, París.

Si te interesan estos «pioneros» del papel couché, o la vida y moda del París del XIX, acércate a «L’impressionisme et la mode», en el Musée d’Orsay del 25 de septiembre de 2012 al 20 de enero de 2013 o, si prefieres disfrutar a tu aire del encanto y la elegancia del siglo XIX, llévate a casa el estudio de Nathalia Brodskaya sobre el Impresionismo en forma de ebook.

Warhol, un estratega de la imagen
16 nov 2012

Warhol, un estratega de la imagen

¿Qué tienen en común Miguel Ángel, Rafael, Marcel Duchamp, Hopper, Alberto Durero, Leonardo da Vinci, Alphonse Mucha, Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Renoir y J. M. W. Turner, entre otros? Todos ellos han sido clasificados como «el artista más influyente» de un período histórico, de un movimiento, de un grupo artístico, de un país… No obstante, parece que ya se han cubierto todas las categorías posibles y los genios revolucionarios pululan de tal forma que cada vez se deben acotar más los radios de influencia. Así, la nueva exposición del MET, «Regarding Warhol: Sixty Artists, Fifty Years», nos plantea la pregunta de si Andy Warhol fue el artista más influyente del último medio siglo, esto es, de los últimos cincuenta años… ¿Cincuenta años? ¿Qué será lo próximo? ¿El primer cuarto del siglo XXI? ¿Los tres años que siguieron al 2001? ¿La primera mitad del mes de enero del 2009? ¿Los días previos al 21 de diciembre de este año? (Desde luego, puestos a seleccionar, en los dos últimos meses, pocos artistas han tenido la resonancia de la señora Cecilia de Borja).

Andy Warhol vaticinó que, en el futuro, todo el mundo tendría sus 15 minutos de fama, e iba bien encaminado con respecto a la televisión, pero se quedó algo corto. En la era de Internet, todos se esfuerzan por tener su «minuto de gloria» y pronto será preciso disputarse cada segundo de atención pública… No sé qué opinaría Warhol de la situación actual, pero no cabe duda de que se sentiría muy satisfecho de la presencia e impronta de su legado en este siglo XXI que estrenamos hace no tanto. Al fin y al cabo, se sentía fascinado por el arte como lucro.

Uno de los motivos por los que el MET limita su influencia a medio siglo es que la soberanía del panorama artístico del siglo XX se ha atribuido a Picasso de forma casi unánime (y que conste que he dicho «casi»). Se dice que cuando Warhol supo que Picasso dejó a su muerte un patrimonio de 4.000 obras, decidió que su vocación sería convertirse en «artista por número de páginas» para igualar de esa forma la labor creadora de imágenes de Picasso. Si bien no tenía la hiperactividad (y muchos dirán que tampoco lo acompañaba el genio) del malagueño, lo cierto es que sólo hay que prestar un poco de atención para ver que la huella de Warhol está en todas partes. Una de las cosas que más le maravillaba de Estados Unidos, según afirmaba en su libro Mi filosofía de A a B y de B a A, era que «los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres» y le fascinaba la Coca-Cola porque la que bebe el mendigo de la esquina es tan buena como la que se puedan tomar Amancio Ortega o Paris Hilton. Por ello, se apropió de la Coca-Cola y, al hacerlo, consiguió acercar el arte a todo el mundo.

 

Green Coca-Cola Bottles (Botellas verdes de Coca-Cola), 1962. Seda, acrílico y grafito sobre lienzo, 209,2 x 144,8 cm. Whitney Museum of American Art, Nueva York. © 2012 The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. / Artists Rights Society (ARS), Nueva York

 

El MET explora cinco facetas temáticas de Warhol: su fascinación por las imágenes cotidianas, el consumismo banal, el auge de los sensacionalismos; las celebridades y los protagonistas de las crónicas de papel cuché; la crudeza y la importancia de la sexualidad; la reubicación de objetos cotidianos en series infinitas; y la colaboración artística con otros creadores y la fascinación por crear entornos que envolvieran al espectador. Para ello, toma las obras de sus epígonos y permite que los visitantes asistan al diálogo que se establece entre todas ellas; un diálogo «pop» que ha cumplido ya los cincuenta y que, previsiblemente, tendrá una vida longeva y (esperemos) controvertida, genial, lunática y arrebatadora.

Warhol fue un observador incansable, mordaz, crítico, que se propuso cambiar el arte. La decisión de si lo logró o no, te la dejo a ti (no me gustaría robarte tu segundo de estrellato). Las puertas de la exposición de Nueva York estarán abiertas hasta el 31 de diciembre y, si no te puedes pasar por allí, este ebook de Gerry Souter está a tu disposición allí donde estés.

Prerrafaelitas ¿ñoñería o rebeldía?
16 nov 2012

Prerrafaelitas ¿ñoñería o rebeldía?

El movimiento prerrafaelita es a la pintura lo que la narrativa gótica a la literatura. No coinciden plenamente en el tiempo pero sí en el espíritu, no en vano estos artistas del siglo XIX comparten los ideales del Romanticismo respecto a la sinceridad del arte y la utilización de la naturaleza para expresar ideas. Cualquiera que, siendo adolescente, haya observado Ofelia de Millais, se habrá visto transportado al ambiente romántico que el cuadro desprende y que recuerda a los bosques de Frankenstein de Mary Shelley.

John Everett Millais, Ofelia, 1851-1852. Óleo sobre lienzo, 76,2 x 111,8 cm. Tate Gallery, Londres.

La doncella que flota ahogada en el río es un ejemplo perfecto del ideal prerrafaelita: joven, pálida, pura y bella, nos recuerda a la Kirsten Dunst de Las vírgenes suicidas y, al igual que pasa con la película de la pequeña de los Coppola, no alcanzamos a entender su tragedia, por más que somos conscientes de que se esconde en cada esquina del cuadro.

Esta estética, cercana a la romática y, como ella, rebosante de emoción, puede parecernos ñoña si la judgamos con ojos de ahora (sólo llamaría la atención a los adolescentes más melancólicos) pero en los tiempos en los que la reina Victoria de Inglaterra impuso la más absoluta sobriedad en lo que a sentimientos se refiere (al parecer sólo de puertas para afuera, los mentideros londinenses podrían relatar un millón de anécdotas sobre ella) supuso una auténtica revolución y desafío a la moral imperante. Pero no todo puede ser emoción y sensaciones desapacibles, y algunos de ellos realmente inspiran calma (como muestra, compara lo que te sugieren los dos cuadros de abajo).

John Brett, El glaciar de Rosenlaui, 1856. Óleo sobre lienzo, 44,5 x 41,9 cm. Tate Britain, Londres.


John William Inchbold, Primavera temprana, anterior a 1855. Óloe sobre lienzo, 53 x 35 cm. Ashmolean, Oxford.

Déjate llevar por tus emociones y acércate a la exposición «Pre-Raphaelites. Victorian Avant-Garde» que estrenó en septiembre la Tate Britain (Londres) y que se podrá visitar hasta enero del 2013. O si prefieres un ambiente más intimista, llévate a casa sus obras en forma de libro.

Entre naturalismo e impresionismo: Caillebotte
14 nov 2012

Entre naturalismo e impresionismo: Caillebotte

Debo admitir que cuando, hace no mucho, mi jefe me nombró a Caillebotte, no sabía de quién me estaba hablando, mucho menos su nacionalidad o el movimiento estético al que pertenecía (y no digamos cómo escribirlo). Pero Google existe por una razón, así que hice una búsqueda y me quedé sorprendida al ver que, aunque no conocía el nombre del artista, las imágenes me eran muy familiares. Y es que con Caillebotte pasa como con las canciones clásicas, que todo el mundo las conoce pero poca gente es capaz de decir el intérprete/autor.

Este acaudalado impresionista tuvo parte de culpa del éxito de sus compañeros y luego cayó en el olvido (¿quizá por su toque naturalista?). Y digo que tuvo culpa porque se convirtió en su mecenas, además de amigo y colaborador, y no contento con eso, a su muerte donó su colección al Estado.

 

Calle de París, día lluvioso, 1877. Óleo sobre lienzo, 212,2 x 276,2 cm. Art Institute, Chicago.

 

Es precisamente esta mezcla de impresionismo y naturalismo lo que, a mi parecer, lo hace interesante y le da ese aspecto de fotografía a sus obras. Eso, además de los temas elegidos, claro, ya que como buen impresionista se dedicó a retratar el París urbano, pero lo hizo con un aire más del siglo XX que del XIX (hay quien afirma que le recuerda a Hopper, y no me parece una comparación desacertada).

La exposición «Gustave Caillebotte. An Impressionist and Photography» del Schirn Kunsthalle de Fráncfort del Meno hace especial hincapié en este aspecto fotográfico; tanto que expone, junto a las obras de Caillebotte, fotografías de finales del siglo XIX y principios del XX. Si tienes un rato, puedes acercarte y maravillarte con la obra de este no tan conocido pintor. O si lo prefieres, puedes hacerte con este libro de Nathalia Brodskaya.

Rubens también se habría dejado seducir por el Photoshop
14 nov 2012

Rubens también se habría dejado seducir por el Photoshop

Aquí y ahora, me propongo romper una lanza a favor de la belleza alterada, esa que busca la perfección que resulta agradable a la vista. ¿Y a qué se debe mi repentino interés por esta falsedad y por qué la reivindico? En primer lugar, se me ha dado la oportunidad de hablar de Pedro Pablo Rubens, archiconocido por sus representaciones de mujeres rotundas y lozanas. En segundo lugar, porque a diario la prensa internacional recoge notas polémicas relacionadas con el Photoshop, esa herramienta que convierte a los diseñadores gráficos en dioses modeladores de la imagen.

Veamos algunas de las más recientes. En respuesta a la petición impulsada por una joven de Maine que obtuvo más de 84.000 firmas, la editora de la revista para adolescentes estadounidenses Seventeen se comprometió a no retocar las fotografías que publique, así como a mostrar a modelos reales y saludables. Por lo general, estos programas de edición de imágenes se utilizan profusamente para alterar el color y el tono de piel, borrar arrugas y adelgazar las formas. No obstante, esta semana la aplicación también ha salido a la palestra por «engordar» a la que muchos consideran la heredera de Elle McPherson, la modelo Karlie Kloss. Tras la controversia que se generó en torno a esta joven y delgadísima modelo en diciembre del año pasado, cuando Vogue Italia se vio obligada a retirar una de sus fotografías que estaba siendo utilizada por numerosos sitios pro anorexia, la edición japonesa de la revista Numéro optó por disimular las marcadas costillas de la supermodelo. Pues bien, aunque pueda parecer contradictorio, este nuevo uso del software tampoco se ha librado de las críticas (y no sólo por parte del indignado fotógrafo responsable, Greg Kadel).

Y es que estamos ya tan acostumbrados a los retoques en la industria de la moda y las revistas (también en otros medios con objetivos distintos, pero eso es harina de otro costal), que hemos dejado de esperar que las fotos sean un fiel reflejo de la realidad. Muchos lectores asumimos que la mayoría de las imágenes se manipula de alguna forma, y no sólo en lo que respecta a las imperfecciones humanas, sino que los cielos se hacen más brillantes, se eliminan los objetos que resultan inadecuados para la composición y se realzan los colores para que parezcan más «auténticos». En el fondo, lo que se intenta es adaptar el mundo a esos ideales que no existen sino en nuestros pensamientos y que dependen de épocas y subjetividades.

 

Pedro Pablo Rubens, Júpiter y Calisto, 1613. Óleo sobre tabla, 126,5 x 187 cm. Gemäldegalerie Alte Meister, Kassel.

 

No voy a decir que estoy de acuerdo con la exaltación de las costillas salientes, los vientres y las mejillas hundidos y los glúteos inexistentes, porque evidentemente no es así. Sin embargo, quien afirme que la belleza se debe representar exacta y crudamente como es en realidad y tome a grandes maestros como Rubens como ejemplo, evidentemente no se ha detenido a mirar lo artificialmente perlada que es la piel de sus figuras ni cómo estas se recortan sobre fondos oscuros y reciben calculados haces de luz que las hacen resplandecer.

Si he conseguido sacudir tu interés por las graciosas mujeres de Rubens, tienes aún unos días para planear tu visita a la exposición que acogerá el Von Der Heydt-Museum de Wuppertal desde el 16 de octubre hasta el 28 de febrero del próximo año. Y si no puedes esperar tanto y quieres empezar a debatir sobre si el flamenco pintaba a las mujeres de su entorno tal como eran o según le resultaban más complacientes, llévate a casa este ebook de Victoria Charles.

Durero o las matemáticas en el arte
01 nov 2012

Durero o las matemáticas en el arte

De todos es sabido que la ciencia tiene un poco de arte y el arte un poco de ciencia; la música y la física, por ejemplo, son compañeras bien avenidas, pero ¿puede un matemático (un ser absorto en sí mismo, un poco friki y excéntrico) ser además un artista (creativo, abierto al mundo)? Casos como el de Durero parecen demostrar que es así.

Este artista renacentista alemán dejó varios escritos sobre los principios matemáticos, la perspectiva y las proporciones ideales, uniéndose a Leonardo da Vinci o Piero della Francesca en su mezcla de arte y ciencia como manera de expresar la «verdad absoluta». Esto se puede observar en Melancolía I (1514), un famoso grabado del autor que provocó quebraderos de cabeza a los matemáticos en su día y que aún sigue siendo objeto de interés para ellos debido, sobre todo, a la roca poliédrica que encontramos en él.

Fuera lo que fuera lo que inspiró a este artista científico (¿o científico artista?), parece que la combinación de las artes y las ciencias da resultados maravillosos y se ha puesto en práctica desde la construcción de las pirámides de Egipto. Está demostrado que resulta de utilidad tanto en Arquitectura como en Escultura pero, ¿lo es también en la pintura?

Puedes conocer la obra de Durero y otros artistas europeos en Dürer and Beyond: Central European Drawings 1400-1700 alojada en The Metropolitan Museum of Art en Nueva York hasta el 3 de septiembre de 2012. También puedes dejarte arrastrar por sus obras más importantes con este libro de arte profusamente ilustrado.

Hace cien años
01 nov 2012

Hace cien años

Aunque a veces nos encontremos con alguna que otra lechuga vestida de frac, los seres humanos somos seres vivos, es decir, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, según nos enseñan entre suma y suma. Así, el ciclo vital de una persona, de cada uno de nosotros, se cumple desde el nacimiento hasta la muerte; no obstante, si algo nos caracteriza con respecto a otros seres vivientes es que, además de la memoria genética (y quizá la transferencia de información cultural de la memética), compartimos una memoria histórica colectiva que nos permite recordar a otros humanos que nacieron, crecieron, tal vez se reprodujeron y murieron antes que nosotros. Sobre todo aquellos que fueron simplemente excepcionales. Gracias a este registro de excepcionalidades y para evitar que caigan en la vulgaridad del olvido, tenemos esa maravillosa invención llamada «centenario».

Los centenarios siempre me producen escalofríos, porque cien años está justamente en el límite de lo que puede llegar a medir la vida de un ser humano y, precisamente por eso, resultan más estremecedores que ninguna otra conmemoración. Pensar que hace tan sólo un siglo artistas como Picasso, Schiele, Munch, Kirchner o los «jinetes azules» se paseaban por los nuevos bulevares europeos y hacían su revolución me estremece desde el meñique hasta la raíz del pelo. Sus retratos, sus fotografías, sus escritos, su legado artístico… todo ello nos habla de una época en la que los esfuerzos se concentraban en buscar otras formas de ver y representar la realidad; formas independientes e innovadoras que a su vez han conformado el mundo en el que, un centenar de años más tarde, vivimos.

Ernst Ludwig Kirchner, Una artista (Marcella), 1910. Óleo sobre lienzo, 101 x 76 cm. Brücke-Museum, Berlín.

Pablo Picasso, Le Gourmet, 1901. Óleo sobre lienzo, 92,8 x 68,3 cm. National Gallery of Art, Washington D.C.

En 1912, Colonia acogió la que con toda probabilidad fue la muestra de arte moderno más importante hasta la fecha: la exposición Sonderbund. Los privilegiados asistentes pudieron contemplar la friolera de 577 lienzos y 57 esculturas de los representantes de las vanguardias artísticas europeas, desde el posimpresionismo al expresionismo alemán, el cubismo o los orígenes del arte abstracto. Las imágenes de las salas repletas de obras que ahora se encuentran desperdigadas por el mundo son realmente abrumadoras. Con el mismo espíritu, el Wallraf-Richartz Museum lleva años trabajando en la retrospectiva «1912 – Mission Moderne» que reconstruye los objetivos y las prioridades de la exposición original con ocasión de su centenario. Hasta el 30 de diciembre de este año, tienes la oportunidad de disfrutar de más de cien de las obras que se expusieron en 1912: apenas una degustación, pero suficientes para saborear la perturbación que aquellos artistas ocasionaron sobre las sensibilidades estéticas del siglo XIX.

Si no puedes aceptar esta invitación al trastorno y a la reflexión por cualquier motivo, lo mínimo que deberías hacer, como ser que nace y crece y que, en tanto se plantea si debería reproducirse o no, puede sacar provecho del patrimonio cultural, es dejarte conmover por las obras de Cézanne, Gauguin, Kirchner, Munch, Picasso, Schiele y van Gogh, aunque sea en formato digital.

Almuerzo sobre la hierba y ratones en la despensa
01 nov 2012

Almuerzo sobre la hierba y ratones en la despensa

Con el afán de presentar sus colecciones al público de una forma diferente, el Nationalmuseum ha organizado una exposición sobre la Francia del siglo XIX y la vida moderna que surgió en ese convulso siglo, concretamente en el período comprendido entre la Revolución Francesa y el estallido de la primera guerra mundial.

Por algún motivo, lo primero que se me viene a la mente a la hora de hablar sobre este tema es la conocidísima fábula del ratón de campo y el ratón de ciudad. De forma resumida, con plena consciencia de que existen infinitas y sutiles variaciones, cuenta la historia de un ratón de ciudad que invita a un ratón de campo a participar de las exquisitas golosinas de su despensa urbanita, pero su festín es trágicamente interrumpido y el ratón de campo pone pies en polvorosa hacia su adorada campiña convencido de que ningún manjar es lo suficientemente delicado como para exponerse a los peligros de la ciudad.

¿Y qué relación puede guardar una fábula de la Antigüedad clásica con Francia y con la época de las guerras napoleónicas, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, los viajeros del grand tour, la industrialización, la primera proyección de los hermanos Lumière, la expansión del ferrocarril, los Salones, las Exposiciones Universales, las renovaciones artísticas y las revueltas de la recién constituida clase obrera? Pues bien, en primer lugar, en mi cabeza esos dos ratones son evidentemente franceses. No sé si será por el queso, pero Francia tiene algo (o mucho) de ratona; además, no puedo sino imaginarme al pobre ratón rural extasiado ante un despliegue de Comté, de compota de higos, de marrons glacés, de macarons, de milhojas, de magdalenas o de petisús salidos del horno del mismísimo Carême, cocinero de los reyes. En segundo lugar, el siglo XIX se caracterizó por las grandes migraciones del campo a la ciudad. Es el siglo en el que París se convierte en la ciudad por excelencia, donde la burguesía es la clase dominante, que pasea por las grandes avenidas y los bulevares, se entretiene en los grandes almacenes, va a la Ópera de Garnier o a los espectáculos de cancán, toma el metro o se reúne en los café-concerts más populares. (También fue una época marcada por epidemias devastadoras, como la del cólera, y los roedores se cuentan entre los transmisores de esta enfermedad, aunque esto le da un tinte algo macabro a la narración).

Los burgueses decimonónicos y las escenas cotidianas de su vida moderna nos resultan extremadamente familiares gracias al legado de los innovadores artistas que ejercieron de observadores e intérpretes de una era: los románticos, los realistas, los pintores paisajistas y los impresionistas. Gracias a ellos, la vida cotidiana se convirtió en el tema pictórico por excelencia y se desecharon los ideales academicistas por motivos más dramáticos que, en ocasiones, fueron objeto de burlas y suscitaron una verdadera conmoción. Un ejemplo es este Almuerzo sobre la hierba de Manet, que se exhibió por primera vez en el «Salon des Refusés» (Salón de los rechazados) autorizado por el emperador Napoleón III en 1863.

Edouard Manet, Almuerzo sobre la hierba, 1863. Óleo sobre lienzo, 208 x 264,5 cm. Musée d’Orsay, París.

Aunque Manet se inspiró en obras clásicas, los personajes son indudablemente modernos y los bruscos contrastes entre las luces y las sombras, así como la falta de perspectiva y de profundidad, suponen una ruptura con los convencionalismos técnicos. El artista trata simplemente de reflejar lo que su ojo ve, con sus limitaciones, y nos presenta una escena bucólica de belleza, tranquilidad y recreo. La bulliciosa modernidad del siglo XIX también supuso un resurgimiento del tema horaciano del Beatus Ille, la descansada vida alejada del mundanal ruido que alabó fray Luis de León. En definitiva, la misma cuestión vital que expone el ratón de campo, que estimó su grama y su abrojo «mucho más de allí adelante».

Hasta el 1 de enero del próximo año podrás explorar el siglo XIX tal como lo reflejaron los pintores, fotógrafos y escultores de la vida moderna. Y para abrir boca, deléitate con las «escandalosas» visiones de los artistas impresionistas que se recogen en esta obra de Nathalia Brodskaya.

Edad media y devoción
01 nov 2012

Edad media y devoción

Cuando pensamos en la Edad Media nos viene a la mente oscuridad, suciedad, guerras, atraso cultural… Es un poco como la versión menos romántica de Juego de Tronos (esa que harían si retrataran la vida del pueblo en vez de la de los nobles). Pero hay más, mucho más.

Una de las principales ocupaciones, al parecer, era rezar. Y debido a esto tenemos cantidad de obras de temática piadosa, manuscritos iluminados, obras teatrales,.. ¿atraso cultural? me parece que no. Tan sólo es que la cultura se concentraba en manos de unos pocos (principalmente la Iglesia), pero gracias a la devoción de la época ahora conservamos auténticas maravillas en forma de libros de horas, devocionarios, biblias y literatura devota en general, cuyas iluminaciones y miniaturas nos cortan el aliento por el detalle al que son capaces de llegar (en realidad los monjes tampoco tenían mucho más que hacer).

Misal de Reims (Missale Remenense), La Creación del mundo, 1285-1297. Pergamino, latín, 23,3 x 16,2 cm. París.


Bestiario, Adán dando nombre a los animales, finales del siglo XII. Pergamino, latín, 20 x 14,5 cm. Inglaterra.

Y son precisamente estos libros lo que nos ofrece el Getty Museum en su exposición The Art of Devotion in the Middle Ages que se podrá visitar hasta el 3 de febrero de 2013 (atención, cambiarán de página el 11 de noviembre, igual queréis pasaros dos veces). O si prefieres disfrutarlos con más calma, llévate a casa este libro con una selección de manuscritos iluminados.

Ecce homo, ved aquí al hombre
31 oct 2012

Ecce homo, ved aquí al hombre

Solo puedo decir que estoy francamente impresionada por la campaña publicitaria que ha lanzado el Getty para promocionar la muestra dedicada al recién restaurado retablo del maestro renacentista holandés Maerten van Heemskerck (1498-1574), «Drama and Devotion: Heemskerck’s “Ecce Homo” Altarpiece from Warsaw»… Contratar a una devota y bienintencionada octogenaria para «retocar» un eccehomo menor en una pequeña iglesia española con un resultado tan ridículamente jocoso que se convierta en el tema del momento y que ponga los Cristos y las restauraciones de arte de primerísima actualidad… No puedo más que rendirme a los pies de ese genial e increíblemente retorcido publicista en cuyas manos Internet es poco más que una redecilla de pelo. Supongo que no se podían permitir que tantos meses de trabajo quedaran en la sombra.

Bromas, memes y contenido viral aparte, los estudios realizados han sacado a la luz importantes datos sobre la técnica y el estilo del virtuoso Heemskerck. Entre otros descubrimientos, el equipo de restauradores ha podido comprobar que se habían producido notables variaciones en el color, que es uno de los elementos que dotaba de dramatismo a esta gran pieza. No obstante, pese a que los trabajos parecen haber sido impecables, el tema de la restauración de obras maestras del arte levanta polémica allá donde se deja oír. La intervención de los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina es, discutiblemente, el proyecto que más conflicto ha generado hasta el momento, ya que muchos expertos aseguran que las sombras y el trabajo de carbón de Miguel Ángel se perdieron con la restauración. Afortunadamente, la reparación del Ecce Homo de Heemskerck es un ejemplo destacado de las virtudes de la restauración de arte, como también lo es la obra más afamada y singular de otro de sus contemporáneos, El jardín de las delicias de El Bosco.

Hieronymus Bosch, El Bosco, El jardín de las delicias (detalle), c. 1500-1501 Óleo sobre tabla, 220 x 389 cm. Museo Nacional del Prado, Madrid.

Las obras de Heemskerck, de El Bosco y de otros artistas inmortales de su generación, como Hans Memling, lograron sobrevivir a una época tumultuosa en la que la furia iconoclasta destruyó una gran cantidad de imágenes y objetos sagrados asociados a la fe católica. ¿Hasta qué punto es asumible el riesgo de que sufran riesgos irreparables durante un traslado de Polonia a Los Ángeles o en el transcurso de los trabajos de restauración? Y si la obra resultante deja de ser la obra maestra que un día fue, ¿qué interés podría tener para las futuras generaciones? ¿Quién pone el límite entre la conservación de los valores estéticos e históricos y la reconstitución basada en conjeturas?

Sea cual sea tu postura, tienes opciones: si eres un contumaz defensor de la buena y justificada restauración, no te pierdas la exposición en The J. Paul Getty Museum, que permanecerá abierta al público hasta el 13 de enero del próximo año; si, en cambio, prefieres seguir las tendencias globales, no dejes de pasarte por Borja, Zaragoza, antes de que intervengan los verdaderos profesionales. Y si no quieres moverte de casa, deléitate con las sublimes obras maestras de Memling y de El Bosco en ebook o versión impresa.

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